martes 1 de diciembre de 2009

Guión para hablar mañana miércoles de Lowry y Rulfo a la vez.




(Imagen actual de La Barranca de Cuernavaca)

“Y eso es lo que pasa, supongo: Que estoy viviendo el libro que debería estar escribiendo”

Malcolm Lowry, Oscuro como la tumba donde yace mi amigo,


Después de haber visto cómo escriben Rulfo y Lowry, cuáles son sus procedimientos creativos, vamos a intentar plantear algunas convergencias y diferencias entre estos dos escritores.

Ambos escritores sitúan su obra en México, si bien Rulfo despliega su vida y su obra allí mientras que Lowry pasa algunos años de su existencia, los más significativos, en tierra mexicana. Rulfo siente desde aquella entraña religiosa y cultural, Lowry se siente impactado por un mundo que no es suyo y que contempla con perplejjdad. Mientras Rulfo trabaja en el Departamento de Inmigración como archivero, escribe “El hijo del desconsuelo”, una novela en la que trata de objetivar su experiencia de soledad en el orfanato y va haciéndose cargo de los cambios de la revolución cardenista. En aquellos momentos, Lowry se aloja en Cuernavaca en la calle Humboldt, bajo el palacio de Cortés, junto a una grieta llamada “La Barranca”. Lowry conoció el mismo México que Rulfo mientras acompañaba al indio zapoteca Juan Fernando Márquez, modelo en la novela de Juan Cerrillo y del Doctor Vigil, en su condición de mensajero del Banco Nacional de Crédito Ejidal oreciendo créditos blandos o entregando fondos a los campesinos más pobres.. Así es como conoció Lowry el programa agrario de la revolución . Son los años de nacionalización del petróleo y el consiguiente bloqueo organizado por la Standard Oil y la Shell, que coinciden cornológicamnet con el cese de Firmin, el resurgimiento de la agitación social y la renovación de la violencia fascistoide de los antiguos cristeros renovados en aquellos momentos en los sinarquistas. (de hecho, algunos de ellos se integraron hace pocos años en el PAN con Vicente Fox)


Bajo el volcán ve una primera redacción en 1936, después de la llegada a Cuernavaca y en compañía de Jan Gabrial. Saldrá de allí en julio de 1938 rumbo a Canadá con Margerie Bonner, después de que Jan se marchara. Se casará con Margerie en 1940, y allí seguirá escribiendo Bajo el Volcán. Como veréis, su experiencia es la misma narración. Su escritura es su vida misma.

De hecho, en Oscuro como la tumba donde yace mi amigo, dirá “Estoy viviendo la novela que debería estar escribiendo”.

Regresa a México en 1945, después de un incendio que arrasa su casa canadiense<, vuelve buscando a Márquez. Allí recibe una carta de su editor británico solicitándole una revisión de Bajo el volcán, carta que contesta con una detallada respuesta en la que analiza capítulo a capítulo la novela, y que constituye en la actualidad un docuemnto imprescindible para la crítica lowriana. Sufre un intento de suicidio, que coincide casi con la noticia del asesinato de Márquez, en 1939.

Este segundo viaje, mediados los 40, es el motivo de la estremecedora narración de Oscuro… Los Lowry abandonan México en 1946,, por motivos que aún hoy resultan oscuros. Algo de luz arroja una novela inédita e inacabada que se titula “La mordida” acerca de la costumbre del soborno en el país.

Si para Lowry, México es el Edén perdido, convertido en un infierno al que se desciende por el camino de la corrupción y el alcohol, un paraíso pavoroso y fascinante a la vez, “el lugar del pulque y las chinches”, asombroso cáliz en el que se puede encontrar cualquier rasgo divino o infernal del ser humano, para Rulfo es la matriz desde la que se engendra su imaginario mortal de la vida, de voces apagadas y ecos . Lowry es un extranjero especial, uno de esos escritores cuyo acercamiento a otra tierra es una consecuencia de su concepción existencial del mundo, alejada de superficialidades: no es un viajero, es un habitante más, con la perplejidad que siente el trasplantado al percibir que la tierra que le atrae es extraña y posesiva a la vez. Lowry y Firmin viven la fascinación por lo extraño de Hemingway o Paul Bowles, se sumerge en el paisaje extraño que ha aprendido a habitar. Tanto que la barranca será su tumba.


Mañana, si os parece, hablaremos de algunas cuestiones compartiendo ambas lecturas como una cara y una cruz de maneras de entender el oficio de escritor, asuntos como los siguientes:

- Rulfo como escritura para nada autobiográfica frente a Lowry como escritor esencialmente autobiográfico.
- Rulfo como escritor que economiza su escritura al máximo frente al exceso verbal y descriptivo de Lowry.
- Dos novelas que parten desde un personaje central, eje de un microcosmos narrativo, cuya desaparición deja un “agujero” narrativo que hay que llenar: los dos personajes centrales han muerto un tiempo atrás, las dos historias tratan de encontrar el camino de esas muertes. La ambigüedad y un aparente desorden son la fórmula constructiva.

- sujeto histórico y pulsional en Lowry, definise en el interior de su conciencia. espectáculo de una conciencia desgarrada. En PP es identidad colectiva que se expresa alrededor del cacique, lo colectivo conduce al anonimato de lo individual.
- Parecido: desde el principio sabemos que el personaje central ha muerto. novela desde agujero. Desde un tiempo después de la muerte de Firmin y Páramo, monólogos interiores que mantienen cierta ambigüdad en el desenlace. PP son las voces de los demás las que configuran su persona hasta que su voz de apodera.
- Dos novelas que hablan de personajes que aman imposibles. Firmin destroza lo que ama, Pedro Páramo no consigue lo único que desea de verdad, la intimidad de Susana San Juan.
- Dos novelas que desconfían de la coherencia y el orden cronológico, en un mundo que vive entre dos guerras, desgarrado por grietas insondables y al que la lógica, la ciencia, la coherencia no hacen sino abocar al abismo.
- Ambas novelas tiene espacios que saben a desdicha<. Cuernavaca, (Quauhnáhuac, “el bosque oscuro”), que se descompone junto al mundo de Firmin; Comala, que se descompuso desde ese recuerdo que transmite Dolores Preciado a la que se encuentra en realidad. La casa del Firmin como símbolo de la firmeza que se desmorona, la “Media Luna” como emblema del mundo que corrompió Pedro Páramo. El páramo frente a la barranca…
- La muerte, región oscura que se esconde más allá de las dieciocho iglesias y cincuenta y siete cantinas, que llevan de la casa de Firmin al prostibulario "el farolito" , el vestíbulo de entrada al infierno. La muerte como lugar donde no se agotan las preguntas en Pedro Páramo, donde los muertos siguen cuestionándose las mismas cosas que los vivos, donde la muerte no resuelve las dudas, donde la frontera no aporta respuestas.
- La culpa como motor de las historias.
- Las imágenes compartidas entre ambos autores (mañana hablaremos de algunas ellas, pensad en escenas que os hayan resultado parecidas…)
- El triángulo como forma de organizar los conflictos de la novela:
Firmin- Yvonne- Hugh, Dolores-Pedro Páramo-Juan Preciado, Susana-Sanjuán-Pedro Páramo- Juan Preciado…

Y más cosas que se os ocurran mañana. Un abracete.

Jorge

Mañana, miércoles 2 de diciembre, nos reunimos a las 19.30, recordad



Recordad que mañana tenemos sesión para comentar Pedro Páramo y, si queremos, algo de Bajo el Volcán. La propuesta es, en caso de que tengamos preguntas, empezar con la rueda de prensa y las preguntas a Lowry (cuyo papel, a no ser que alguien le apetezca desempeñarlo, lo haré yo mismo). Esta tarde incluiré algunas ideas interesantes que los dos libros, Pedro Páramo y Bajo el Volcán comparten. Echadle un ojo a última hora. Lamento el retraso pero es época de exámenes y voy de cráneo...

Hasta mañana

domingo 22 de noviembre de 2009

¿Por qué es tan inquietante leer Pedro Páramo?



Estas son algunas cosas que nos inquietan de la lectura de Pedro Páramo:

a) Es una novela que nos exige dos o más lecturas para hacernos con ella. ¿Por qué? Porque está tejida con varios niveles de interpretación: el primero, que sólo captamos con una lectura superficial, nos revela una novela inconexa, compleja de seguir, desordenada, arbitraria, de bello lenguaje pero endemoniada estructura, cuyo argumento parece un puzzle que hubiéramos de montar. El segundo nos inquieta más, pues observamos que está jugando con los mismos elementos con que juega nuestro sueño: montamos la historia de Juan Preciado como organizamos los materiales de nuestros sueños: a partir de fragmentos aparentemente aleatorios e inconexos, “algo” dentro de nosotr@s es capaz de trabar y conferir sentido a esas voces que se manifiestan en la lectura y percibimos las voces que hablan tras ellas. Los demás irán llegando misteriosamente cuando descubramos que la novela se lee con otros sentidos para los que nuestra afición a la lógica y nuestros amarres a la realidad no siempre nos dan licencia de uso. A partir de aquí, cada lectura que se haga de Pedro Páramo será, necesariamente, distinta. Es una novela tan insondable como una sima submarina.

b) No es que nos inquiete que hablen los muertos en la novela; eso ha sido incluso habitual a lo largo de la historia de la literatura... Lo que nos inquieta es que no es nada fácil situar a los personajes a un lado o a otro de la muerte. No sabemos dónde está nadie.

c) La ansiedad hurga como tenaz bichito en la narración de Juan Preciado, y nos identificamos con él porque pensamos que nos está dirigiendo la novela a nosotr@s mism@s, compartiendo su misma alteración nerviosa. No es así, se estaba dirigiendo a Dorotea, pero no lo sabremos hasta bien avanzada la historia.

d) La ambigüedad reina en el universo de Comala, y va envolviendo de forma inquietante a Juan Preciado: “No sé cómo has podido entrar, cuando no existe llave para abrir esta puerta” le dice Damiana. Lo fantasmal, lo imaginario le va arropando a tal punto que ya no sabe qué pertenece al mundo de los vivos y qué al mundo de los muertos. Pero no olvidemos que Juan Preciado fue a buscar su origen colectivo (Comala) e individual (Pedro Páramo) y lo que encontrará será la premonición de su propia suerte, que tardará en comprender hasta que se sepa en ella. Eduviges le informará de que Abundio murió hacía tiempo, Damiana lo hará después respecto a Eduviges... Cuando Juan sospeche que Damiana lo está también, ella desaparece... Él irá sufriendo un irreversible proceso de degradación en el que sólo será consciente de voces y alucinaciones de las que dudaremos incluso nosotros como lectores. Incluso de Susana, la única que parece querer o haber vivido al margen de esa Comala infernal, tampoco deje de tener una visión fantasmagórica de sí misma y nada sea verosímil en su relato.

e) en cuanto a la topografía de la novela, no es casual que Comala sea el norte más occidental: en centroamérica, las fechas y los acontecimientos están culturalmente ligados a una dirección del universo, de manera que el calendario expresa una especie de topografía simbólica en la que los días tienen un significado mágico. Hagámonos cargo, un día de difuntos asociado a los signos del Norte (Comala está en el norte del estado), cuyos signos simbólicos son el viento, la muerte, el perro, el jaguar y el pedernal. El Norte en la cultura mexicana contrasta con el oriente (la vida, la energía, el movimiento, la humedad) porque simbólicamente es árido, frío y opresivo. Se le considera como la parte nocturna del universo, como la morada de los muertos. Los perros tienen en este espacio simbólico de centroamérica un significado muy singular, pues son los que acompañan al difunto durante el viaje y le ayudan a cruzar el río de ultratumba que lo conduce hacia la nada.

f) Y sólo añadiré este punto ¿Os ha recordado algo Comala a Yoknapatapha, el condado mágico de Faulkner? ¿Por qué? Nos vemos pronto.

Añadid aquello que más os haya inquietado de su lectura: nos enriquecerá a tod@s.

domingo 1 de noviembre de 2009

"¿No oyes cómo rechina la tierra?" ALGUNAS CLAVES ESENCIALES PARA LEER "PEDRO PÁRAMO"



“¿No oyes como rechina la tierra?”

Leer a Rulfo no es tarea sencilla si se lee con los ojos de quien busca entretenimiento sin más. Entretenerse es “salir de uno mismo”, divertirse es literalmente “dividir” lo que uno es entre lo que “uno quisiera ser” -el cociente es la ilusión. Rulfo no exige nada especial, ni siquiera lectores. Escribía para ordenar las voces que pelaban por hacerse sitio en su memoria. Por eso no piensa especialmente en el lector o lectora, pero el gran problema es que ese lector o lectora no para de pensar en Rulfo desde que Pedro Páramo cae en sus manos.

“Pedro Páramo” es la voz prestada a sus muertos. Y hoy es uno de noviembre. Cómo hemos cambiado. La muerte, algo tan connatural, a fuerza de huir de ella, se convierte en mercancía de Halloween. En México, está tan agarrada al mundo de los vivos que no se puede distanciar de sus propias voces. Por la vida corre la muerte con vestidos feroces y colores atrevidos. Y grita.

Ruflo no hizo otra cosa que escucharla.

Empezaremos con este fragmento de una carta que Rulfo le escribe a su madre, fallecida cuando tenía diez años, mientras trabajaba como capataz en la fábrica de neumáticos Goodrich Euzkadi. :

“Mayecita:
Ellos no pueden ver el cielo. Viven sumidos en la sombra, hecha más oscura por el humo. Viven ennegrecidos durante ocho horas, por el día o por la noche, constantemente, como si no existiera el sol ni nubes en el cielo para que ellos las vean, ni aire limpio para que ellos lo sientan. Siempre es así e incansablemente, como si sólo hasta el día de su muerte pensaran descansar. Te estoy platicand lo que pasa con los obreros de esta fábrica, llena de humo y de olor a hule crudo. Y quieren todavía que uno los vigile, como si fuera poca la vigilancia en que los tienen unas máquinas que no conocen la paz de la respiración. Por eso creo que no resistiré mucho a ser esa especie de capataz, que quieren que yo sea. Y sólo el pensamiento de trabajar así me pone triste y amargado. Y sólo el pensamiento de que tú existes me quita esa tristeza y esa fea amargura. Ahora estoy creyendo que mi corazón es un pequeño globo inflado de orgullo y que es fácil que se desinfle, viendo aquí cosas que no calculaba que existieran. Quizá no te lo pueda explicar, pero más o menos se trata de que aquí en este mundo extraño, el hombre, es una máquina y la máquina está considerada como hombre.”

Hay varias cosas que tiraron con especial fuerza de ese hombre llamado Juan Rulfo, y que debemos saber antes de encarar la obra de Pedro Páramo.

La primera de ellas es la presencia constante de la muerte en su vida, una tonalidad dominante a la que se ajustan muchos de los acordes que van sonando en sus textos. La muerte le rondó desde que nació: a los seis años ve morir a su padre de un tiro en la nuca durante la revuelta de los cristeros, especialmente violenta en su Jalisco natal, y durante la que su familia, de condición acomodada, lo perdió todo. “Entonces viví en una zona de devastación. No sólo de devastación humana, sino devastación geográfica. Nunca encontré ni he encontrado hasta la fecha, la lógica de todo eso. No se puede atribuir a la Revolución. Fue más bien una cosa atávica, una cosa de destino, una cosa ilógica”. El mundo acaba de desmoronarse cuando a los diez años muere su madre y da con sus huesos en un orfanato. A los treinta y ocho años publica Pedro Páramo, un año después de su primera colección de cuentos El Llano en llamas. El resto es silencio. No tenemos una sola página publicada por Rulfo de ahí a su muerte, acaecida en 1986. Casi treinta años en blanco. “Escribir me produce una angustia tremenda. El papel en blanco es una cosa terrible”, confesión que a veces atenuaba con mentiras piadosas: “he trabajado en algunas historias cortas, no en ninguna novela, sino en cuentos que ya tengo terminados”. Nada fue dado a la prensa después del parto de Pedro Páramo.

En torno a la composición final de Pedro Páramo han circulado múltiples leyendas: varios escritores se han atribuido la misma tarea de componer sobre una mesa junto a un Rulfo desesperado, los fragmentos de que estaba hecha la novela ( Alatorre, Chumacero, Arreola...) nada sabemos en verdad de estas leyendas salvo algunas expertas indagaciones críticas. Sí somos conscientes de que escribir se le hacía muy cuesta arriba y de que cualquier circunstancia que le recordara el vacío de ser acababa siendo un obstáculo infranqueable.

Lo verdaderamente asombroso de Rulfo es su manera de componer el texto. Cualquier lector o lectora es capaz de componer la novela a su manera porque reproduce, como dice César Leante, una estructura muy similar al sueño: múltiples fragmentos de la memoria se superponen en nuestra lectura como los átomos del recuerdo se van solapando durante el sueño, de tal manera que los vamos organizando poco a poco tras la lectura a partir de las consignas de que está construido nuestro imaginario.

El tiempo en Rulfo es, como vemos, una dimensión que no está secuenciada sino que se deja dominar por nuestra imaginación, que es en realidad quien ordena de un modo u otro la realidad.

En cierto modo, a la historia le sucede lo mismo: si la miramos bien, no es sino la configuración de los acontecimientos de un modo más o menos ordenado en virtud de los criterios de su sujeto que escribe: la objetividad de lo que narra es una especie de pacto entre los lectores y el ojo que ve y cuenta esa realidad.

Pues bien, a ese ensamblaje de elementos desde nuestros imaginarios, a esa forma de alear fragmentos de la memoria de Rulfo, se le coloca la etiqueta de “realismo mágico”; la sucesión no existe: los muertos hablan, los vivos desaparecen, los ruidos extrañan, el tiempo real pierde estructura, los ecos hablan más que las voces, los acontecimientos suceden más de una vez, las personas de transforman en algo distinto a sí mismas y vuelven a la memoria en forma de voces opacas, aullidos, sonidos apagados, pasos tenues...

La novela Pedro Páramo está sembrada de silencios y sonidos apagados, prestad atención -como hacíamos cuando estábamos leyendo “El corazón de las tinieblas” de Conrad, recordad que cuando la tiniebla avanzaba, la novela desplazaba su eje hacia las sensaciones sonoras más que las visuales- prestad atención, decía, a ese código sonoro: los sonidos animales, la voces de los muertos, el rechinar de la tierra.

Rulfo supo escuchar aquello a lo que nadie puso oído. José Bergamín dijo en cierta ocasión: “hay que aprender a escuchar como quien oye llover: con la más profunda atención”. Las voces desencajadas del pasado encuentran las palabras que perdieron en ese medium que Rulfo supo ser. Se prestó a ser voz del silencio. Pedro Páramo es el impresionante eco de miles de fragmentos de un tiempo que se resistió a dejar de ser, un tiempo que buscó las grietas de la lógica y encontró en la novela los caminos para manifestarse. El aparente desorden no es más que el orden en que la muerte persigue vida.

Leed a Rulfo con otros ojos.

lunes 26 de octubre de 2009

Prólogo de Jorge Volpi a "Pedro Páramo"



Para empezar a leer a Juan Rulfo, me parece que lo más oportuno es empezar leyendo el espléndido prólogo que el escritor mejicano Jorge Volpi le dedicó a "Pedro Páramo". Os adjunto al final algunos enlaces a páginas sobre Rulfo que os pueden resultar interesantes.

Prólogo de Pedro Páramo

"Si el hombre es polvo,
esos que andan por el llano
son hombres."

Octavio Paz

Por Jorge Volpi:

"Tantas veces se ha repetido que Pedro Páramo es la mejor novela mexicana del siglo XX que con ello se olvida que es, simplemente, una de las mejores novelas del siglo pasado. Diversos mitos han dificultado un reconocimiento aún mayor de su importancia: en primer lugar, ha tenido que lidiar con la fama de ser la novela mexicana “por excelencia”, dejando a un lado su modernidad y su vigor universal; en segundo, ha debido soportar el desprecio de algunos críticos —incluido un célebre jurado del premio Nobel— ante su escaso centenar y medio de páginas, cuando en ellas se cifra un universo literario completo. Por si no fuera suficiente, las lecturas meramente antropológicas o realistas de su estilo han ocultado la extraordinaria invención lingüística que su autor logró en ella, e incluso su rápida celebridad ha tenido que eludir los rumores maledicientes, sobre todo en el medio mexicano, que despreciaron el talento de Rulfo aduciendo que él nunca imaginó el resultado final del libro, reconstruido por las manos de amigos, consejeros y correctores que todavía hoy se disputan su paternidad. Son tan numerosos los lugares comunes que la crítica ha esparcido, que resulta casi imposible desprenderse de ellos. Aun así, quizás convenga eludir por un momento el caudal de tesis, artículos, reseñas y notas escritas en torno a él para recuperar el asombro que produjo tras su aparición en 1955 y que se repite cada vez que un lector desprejuiciado se adentra en sus páginas. Si el título original escogido por Rulfo para esta obra era Los murmullos —más sobrio pero menos contundente que Pedro Páramo—, es necesario evitar que esos murmullos asesinen también a quien inicia el viaje hacia ese limbo que es Comala.

La célebre línea con que inicia la novela —“Vine a Comala porque me dijeron que acá vivía mi padre, un tal Pedro Páramo”— posee la fuerza profética de las obras maestras. En efecto, Juan Preciado, el narrador de la novela, no dice “fui”, sino “vine”: se dirige a nosotros desde las profundidades de Comala. Todas las palabras que estamos a punto de escuchar, más que de leer, provienen, pues, de los labios de un muerto. A Juan Preciado le parece que las voces de los difuntos que va encontrando a su paso son como rumores y murmullos, pero cuando él nos los comunica ya ha pasado a formar parte de la nómina de fantasmas que lo rodean. Empeñado en rastrear la verdad, Juan Preciado pagará su osadía con su única herencia, la vida. Justo a la mitad de la novela, tras haber conocido a Doloritas, la vieja amiga de su madre, y haber empezado a escuchar las voces de los antiguos habitantes del pueblo, Juan aceptará su nueva condición: “Es cierto, Dorotea —confesará—, me mataron los murmullos”.

Al caer en la cuenta de esta verdad de ultratumba, es como si una repentina amenaza cayera sobre nosotros: al igual que Juan Preciado, de pronto comenzamos a escuchar voces, lamentos, fragmentos de canciones —“Mi novia me dio un pañuelo, con orillas de llorar”—, ecos de batallas y amoríos, mensajes y advertencias que surgen de la nada, aturdiendo nuestros oídos y señalándonos la proximidad de nuestra propia extinción. Como nuestro guía, nosotros también empezamos a creer que las almas de los difuntos están ahí, a nuestro lado, hablando con nosotros. De este modo, con su sacrificio, el hijo de Doloritas y Pedro Páramo nos abre las puertas de Comala para que podamos atisbar, durante unos minutos, esa vasta e incognoscible porción de la tierra a medio camino entre la vida y la muerte. Sólo entonces, cuando ya nos hemos integrado con Juan Preciado en los confines de la muerte, podemos presenciar la historia de su padre, el cacique Pedro Páramo, sus excentricidades y muestras de genio, su íntima tortura y su desprecio por los otros, así como su rabiosa tristeza ocasionada por la prematura muerte de su hijo Miguel y, sobre todo, por el deceso de la única mujer que amó verdaderamente, Susana San Juan, una especie de loca o visionaria, de esas inocentes portadoras de la desgracia cuya estirpe se remonta a Helena y que atraviesa toda la historia de la literatura hasta llegar a los personajes dementes y luminosos de Faulkner. Y, con ella, aparecerá toda la nómina de personajes rulfianos —tan reales y misteriosos como sus nombres—, dispuestos a conducirnos por su infausto cautiverio.

Porque Comala, a diferencia de lo que muchos afirman, nada tiene que ver con la Comala real —un pueblecito de casas blanquísimas en el estado de Colima—, pero tampoco con el infierno. La Comala de Rulfo —él dice haber elegido el nombre por la referencia al “comal” en el que se calientan las tortillas y, por tanto, a su cercanía al fuego— no es una metáfora del inframundo o del Hades; se trata, por el contrario, de algo peor: un sitio intermedio, una orilla, una especie de trampa en la que algunas almas continúan penando, incapaces de encontrar consuelo o, de menos, la certidumbre del castigo eterno. Como su cacique, Comala es un terreno baldío —no está de más señalar que la primera traducción de The Waste Land de Eliot publicada en México, y que Rulfo seguramente leyó, se titulaba justamente El Páramo—, una zona en la que ya nada puede crecer, en la cual los vivos tampoco son admitidos (de ahí la necesaria muerte de Juan Preciado), y de la cual tampoco es posible escapar.

En realidad, en Comala no hay nadie, como se repite muchas veces a lo largo de la novela, sólo fragmentos de seres vivos, lamentos y aullidos, retazos y piezas sueltas de sus antiguos moradores: de ahí que la poética elegida por Rulfo para describirla sea la de la precariedad. No sólo el estilo trata de acercarse una y otra vez al silencio, no sólo las frases cortas y desnudas son de un arcaísmo que nos remonta a los orígenes y, por tanto, a la nada, sino que incluso el tiempo dislocado y la brevedad de los parágrafos son otras tantas metáforas de la dolorosa cortedad de la vida y de la permanente amenaza del fin. Al leer Pedro Páramo por primera vez, es como si un vendaval —el viento de la muerte— hubiese arrancado páginas y episodios a un libro mucho mayor: para recuperar el sentido de la historia, el lector debe realizar un ingente esfuerzo para recolocar las partes, para rearmar las historias particulares, para completar las vidas truncas de todos esos muertos. Igual que Juan Preciado, al reconstruir Comala y sus abismos, el lector les infunde nueva vida por un momento; así se torna capaz de dialogar con calaveras y huesos, de volver a escuchar sus palabras, de tener la momentánea ilusión de que la muerte puede ser vencida o, al menos, detenida. Por desgracia, al final no obtendremos más que la confirmación del ciclo: una vez rota la ilusión, terminamos por enterarnos una vez más de la muerte de Pedro Páramo o, todavía peor, volveremos a matarlo con nuestra lectura, con nuestros inútiles balbuceos, con nuestros murmullos. La coincidencia con Muerte sin fin, de José Gorostiza, acaso el mayor poema largo del siglo XX mexicano, no hace sino confirmar la profundidad de esta convicción y este desánimo. Al final, incluso el invencible cacique, dominado por el rencor y la tristeza, no puede evitar desmoronarse “como si fuera un montón de piedras”.

Aunque la obsesión mexicana por la muerte —su necesaria burla ante esta convicción inevitable— permea cada página de Pedro Páramo, lo cierto es que la historia que se cuenta podía haber ocurrido en cualquier otro lugar. A pesar de la fidelidad de Rulfo al lenguaje de los Altos de Jalisco, o a la recreación de la historia completa de un pueblo mexicano durante la época revolucionaria, Comala podría estar en cualquier parte justamente porque no está en ninguna. Su aridez y su soledad son universales. Desde luego, nadie más que un mexicano podría haberla escrito —nadie más que Juan Rulfo—, pero su mexicanidad no radica en el folklore ni en el lenguaje, sino en su doble pertenencia a una doble tradición, local y universal, al mismo tiempo. Pedro Páramo es una respuesta evidente y aún más: una liquidación y una puerta abierta a la novela de la Revolución mexicana, de Azuela a Guzmán, y a la novela cristera, pero también representa un diálogo igualmente fructífero con Kafka, Hamsun o Faulkner. Y, por encima de ello, la propia novela no se plantea esta cuestión: todo aquel que se atreve a leerla, como todo aquel que decide adentrarse en Comala, no sale indemne de la experiencia. Tras haberla leído, tras haberla escuchado, ahora nosotros también estamos contaminados con la muerte y ello, acaso, nos otorga una nueva vida."

Enlaces de interés:

http://clubcultura.com/clubliteratura/clubescritores/juanrulfo/
Página oficial del escritor Juan Rulfo

http://www.letras.s5.com/archivorulfo.htm
Página que incluye textos de Juan Rulfo, extractos de su obra, así como artículos y ensayos de otros autores (Octavio Paz, Gabriel García Márquez, Augusto Monterroso...)

http://patriagrande.net/mexico/juan.rulfo/obra.literaria.htm
Página sobre Rulfo con extractos y algunas fotografías hechas por él mismo

martes 6 de octubre de 2009

¡¡¡ERROR EN LA CONVOCATORIA!!! LA REUNION ES EL PROXIMO 14 DE OCTUBRE



IMPORTANTE: la convocatoria es para el 14 de octubre a las 19.30h, disculpad mi despiste. Nos vemos. Jorge

domingo 4 de octubre de 2009

REUNIÓN DEL MIÉRCOLES 7 DE OCTUBRE




HOLA A TOD@S

Nos vemos este miércoles (después de un laaaaargo verano en el que espero hayamos disfrutado... y leído a gusto) a las 19.30h.

Si os parece, hablaremos de Azcona y Capote (nos reservamos para más adelante a Lowry, porque supongo que andaremos todavía leyendo) y nos lanzaremos a algunas propuestas de formato, a ver qué os parecen:

Estas son las nuevas actividades que vamos a iniciar para nuestras sesiones del Taller de Lectura.

“¿A qué me recuerda?” Durante las sesiones o en el blog, dedicaremos un rato a “enlazar” nuestra lectura con las experiencias que nos hayan surgido. Para ello, y con la libertad de que vendrá de la experiencia de cada un@, comentaremos qué película, qué cuadro, qué foto, qué canción, qué novela, qué experiencia, etc... Nos ha evocado algún fragmento de la novela. Ruego las apuntéis en un cuaderno y las podamos compartir en el grupo: seguro que compartimos muchas más de las que pensamos.

2º- “Panel de libros”: aparte de los que estamos leyendo, habilitaremos un panel de corcho en el aula donde podréis hacer recomendaciones de tod@s aquellos libros que os han gustado. Eso sí, hay que decir siempre porqué... Cada mes lo fotografiaremos y colgaremos la foto en el blog para que podáis acceder a él aunque no podáis venir.

3º- "Versiones". Empezaremos a buscar “algún hueco” para ver esa versión de cine o esa obra de teatro que nos pueda servir para hablar de “otros lenguajes” (cine, teatro...) que enriquecen la lectura. De hecho, estamos esperando a ver si pasa por Zaragoza “El Pisito” y hacemos una quedada en grupo para ir a verlo ¿Os parece?.

4º- Propondremos una serie de temas que os puedan resultar de interés para ahondar un poquito más en la lectura e invitaremos a quien quiera a exponerlos.

5º- "Rueda de Prensa": en el caso de Malcolm Lowry, iniciaremos allá por el mes de noviembre un nuevo formato de sesión presencial. Para hacerla de un modo un poco más “vivo”, si os parece, prepararemos una “rueda de prensa” con todas las preguntas que quisiéramos hacerle al autor. Si nadie lo remedia, yo haría de Malcolm Lowry y me expondría a vuestras preguntas...

6º- "¿Qué tiene que ver esto con mi vida?" trataremos en esta sección de "leer" los libros desde nuestro presente, descubriendo qué tiene que ver con nuestra vida, nuestras crisis, nuestro valores, etc.

7º - Por último, haremos algún ensayito de leer "CON LOS CINCO SENTIDOS" porque, sí: también se puede leer con el tacto o el olfato... Pero esta sorpresa me la reservo para dentro de unos días (demostraciones incluídas)

Bueno, que estaremos deseando vernos. Una abrazo para tod@s.