domingo, 31 de mayo de 2026

El miércoles 3 de junio a las 18.30h nos vemos para comentar "Atrapa a la liebre" de Lana Bastasic

 






 


RESEÑA EN THECITIZEN

Lana Bastašić (autora de “Atrapa la liebre”): «Todos los países, incluso los que consideramos “el nuestro propio”, son en realidad un cuento dentro de nuestras cabezas»

Por Cristina Redondo -5 abril, 2020

Compartir en Facebook Compartir en Twitter  

Fotografia de Radmila Vankoska


Lana Bastašić ( Zagreb, 1986) una total desconocida ahora mismo en España, pero, estoy segura que, pronto, será reconocida por su trabajo literario aqui también. Bastašić ha estudiado filología inglesa y literatura, tiene un máster en estudios culturales. Sus relatos forman parte de las principales antologías de la antigua Yugoslavia, y ha sido premiada con diversos reconocimientos: el Zija Dizdarević de Bosnia (2010 y 2011), el del jurado del festival Carver: «Where I’m calling from de Montenegro» (2010), el del festival Zrenjanin de Serbia (2010), así como el galardón a la mejor obra de teatro bosniana otorgado por el Karmeni Teatar 55 de Sarajevo (2013) y el premio Targa UNESCO de poesía del festival Castello di Duino (2013), de Trieste (Italia). Ha publicado relatos, cuentos infantiles y poesía. Colabora además en diversas revistas literarias de los Balcanes. Es cofundadora de la prestigiosa escuela de literatura: Escola Bloom de Barcelona, y cooeditora de la revista Carn de Cap. Ha vivido en Barcelona y en Belgrado.

“Atrapa la liebre”, es su primera novela, publicada en España a través de Navona Editorial en castellano, y Edicions del Periscopi en catalán.

Debido a la situación del confinamiento que vive toda Europa por el Covid-19, nos reunimos vía Skype, para no sólo hablar con ella de su magnifica novela “Atrapa la liebre”, sino también para conocer en primera persona a esta escritora de tanto talento literario.

 


CR: Lana, primera novela :“Atrapa la liebre” [Edicions del Periscopi (Cat);Navona Editorial(cast)] tu novela ha sido finalista del Premio NIN, el más prestigioso de las letras ex-yugoslavas. Próximamente se publicará en lengua inglesa, con Picador, en Alemania con Fischer, y en Italia con Nutrimenti,  esta novela ha sido todo un éxito en tu país desde que se publicó en 2018. En tu país, la critica literaria, ha dicho de ti que eras la “Hija talentosa que habita en el extranjero”(Alla Tatarenko, Letopis Matice Srpske) ¿te sientes identificada con esa descripción?


LB: Me siento agradecida y afortunada, aunque no me gusta pensar en literatura en términos de talento. Para mi, la literatura es un trabajo que, aunque desde fuera pueda parecer romántico o fácil, en realidad no lo es. He escrito cosas que ahora considero terribles y también otras que me parecen satisfactorias, pero la diferencia es en el trabajo que había (o no había) hecho con ellas. Por otra parte, me parece que, al menos en mi(s) país(es), es mucho más difícil creerse un genio si eres una mujer que escribe. Las grandes historias de los escritores geniales siempre eran historias sobre hombres. Eso quiere decir que, como escritora en los Balcanes, es más complicado enamorarse de ti misma, y lo que te queda es trabajar duro e intentar mejorar tanto como puedas. Y eso, aunque venga de una sociedad profundamente sexista, es bueno para nosotras como escritoras y para el trabajo que intentamos hacer.


«Las grandes historias de los escritores geniales siempre eran historias sobre hombres. Eso quiere decir que, como escritora en los Balcanes, es más complicado enamorarse de ti misma, y lo que te queda es trabajar duro e intentar mejorar tanto como puedas»


CR: En “Atrapa la liebre” [Edicons del Periscopi (Cat); Navona Editorial(cast)] tú, como autora, atrapas al lector en este road trip que nos conduce por los Balcanes hasta Viena; leyendo tu biografía vemos que has vivido en sitios con muchos kilómetros de distancia entre si, esto te permite tener una visión del mundo que puede ser mucho más enriquecedora que para cualquier otra persona que no ha tenido esa misma experiencia de vida, ¿Crees que el mundo se está convirtiendo en algo peor o mejor? ¿Cómo consideras que puede esto afectar esto a los escritores actuales europeos y a su literatura?


LB: No puedo hablar por mis colegas ni tengo experiencia y conocimientos suficientes para hablar por el resto del mundo. Para mí la idea de un “hogar”, de una casa, siempre ha sido complicada porque nos mudábamos mucho. La cuestión que ha sido importante para mí, a la hora de escribir, no es una cuestión de geografía, sino de identidad fragmentada y poco definida.  . Ni conocemos toda la gente del “nuestro país”, ni hemos visto todos sus rincones. Tenemos un cuento, un lenguaje, que preserva la idea dentro de nuestras historias personales. Esos cuentos resultaron ser peligrosos en los años noventa en los Balcanes. Por todas estas razones, para mí, viajar, vivir en otros lugares, aprender idiomas nuevos, me ha ayudado no solamente a aumentar el cuento, sino también a encontrar nuevas maneras de pensar Bosnia y todo lo que ese nombre significa para mí. Sin embargo, uno no puede huir de los traumas o buscar caminos cortos y fáciles para resolverlos. Es una cosa que mi narradora intenta hacer, no solamente por haber ido de Bosnia y haber vivido en Dublín doce años, sino también en su manera de expresarse – usando epítetos, metáforas, comparaciones, y todas esas cosas de la lengua que nos ayuda a distanciarse de lo real.


 


CR: En «Atrapa la liebre», dos viejas amigas que se reencuentran después de mucho tiempo sin verse, la amiga que vive en el extranjero, migrada, y que ha podido disfrutar de mejores oportunidades de vida frente a la chica que permanece en el país de origen ¿Consideras que la vida que has vivido se acerca a algunas de las cosas que hemos leído en “Atrapa la liebre”? ¿Cuánto hay de tu experiencia personal en este primer novela? ¿Cuánta distancia existe entre lo vivido y lo narrado?¿ Te resulta difícil como escritora mantener esa distancia?


LB: La historia personal de Sara no es mi historia. La experiencia de Lejla todavía menos. Me resulta muy difícil escribir sobre mi misma, porque creo que la escritora necesita distancia para poder describir algo. Igualmente, mi vida no me parece suficientemente interesante para usarla en literatura. A contrario a lo que nos dice todo el self-help barato de nuestra época, YO no soy lo mejor que hay ☺ Me interesa la parte empática de literatura, la habilidad de entender, profundamente y de verdad, el Otro, aunque sea completamente diferente que nosotros. La única cosa que comparto con Sara es la mudanza a otro país, pero yo nunca he dejado de visitar a mi familia y a mis amigos, nunca he dejado de hablar mi idioma, y – lo que me parece crucial para su personaje – nunca he intentado buscar razones, claves, significados de cosas absurdas, cosas sin ningún sentido. Incluso podría decir que mi narradora a veces me irrita. Creo que hay un problema ético en intentar explicar el sufrimiento de Otro. Pero, al mismo tiempo, es un intento humano y empático. La verdad es que me sentía mas conectada con el personaje de Lejla (la LB del libro, que también es un espejo de nuestra ciudad, BL), pero al mismo tiempo consciente de que nunca llegaría a entender que quería decir ser una persona de origen musulmán en Banja Luka en los años noventa.


«Me resulta muy difícil escribir sobre mi misma, porque creo que la escritora necesita distancia para poder describir algo»


CR: En relación a la pregunta anterior, déjame añadir una pregunta más, Lana, ¿Qué es más importante para la literatura de un escritora como tú: la vida que ha vivido o su experiencia como escritora?


LB: Creo que Nabokov dijo que la única biografía que le interesaba era la del estilo y yo estaría de acuerdo con eso. Claro que la experiencia cuenta, pero no necesariamente para escribir sobre ella. La experiencia es importante porque nos forma de otras maneras; si tenemos suerte, nos ayudará a desarrollar nuestra manera de mirar, de escuchar, de salir del confinamiento del Yo y dejarse aumentar. Pero igualmente creo que una persona puede tener una experiencia increíble dentro del lenguaje mismo sin salir de su habitación. He tenido días maravillosos y llenos de aventura y aprendizaje, sentada en mi habitación con mis libros. Al final, si nos faltan maneras de expresarse, de salir del cliché, podemos vivir vidas increíbles y morir con dos frases podridas.


 


CR: Lana, cuando el lector lee “Atrapa la liebre” queda “atrapado” en la historia a través de la voz de Sara, una voz narrativa de una mujer joven y locuaz que bien podría ser una amiga cercana ¿Cuánto tiempo te tomó encontrar la voz de la protagonista?


LB: El libro empezó con el personaje de Lejla, la amiga. Sara aún no existía en mi cabeza. Quería escribir sobre Bosnia y necesitaba un personaje que se parecería a ese país. Pero después me di cuenta de que seria éticamente problemático contar historias sobre el sufrimiento de un pueblo que no es el mío. Me explico mejor para que los lectores y lectoras me entiendan: mi familia es de origen serbio y eso quiere decir que disfrutamos de algunos privilegios en los años noventa en Banja Luka, que las personas de origen musulmán (la palabra que se usa ahora es “bosniaco”) no tenían. Lejla y su madre sufren discriminación y Armin, el hermano de Lejla, desaparece durante la guerra. Yo tenía la historia, pero buscaba la manera de incluir en el libro la cuestión del privilegio y la posición superior de la narradora. Lo que me ayudó mucho a encontrar la voz de Sara fue el personaje de Humbert Humbert de Lolita, también una road-trip. Necesitaba alguien privilegiado y “europeo”, alguien que usa un lenguaje exagerado para explicar a otra persona. Si Lolita pudiera contar su propia historia, el libro sería completamente distinto. Igual pasa con mi Lejla. Hay lectoras que me han dicho que no les gusta su personaje, que es demasiado cruel con Sara, y eso es también lo que algunos lectores dijeron sobre Lolita – que ella seduce a Humbert y se juega con sus sentimientos. En realidad, se trata de dos narradores que saben perfectamente que están haciendo, que juegan el papel del narrador “no fiable” y que, para evitar el sentido de culpa, se hacen pasar por victima.


Claramente, no considero que Sara sea un monstruo, pero me costaba encontrar su voz humbertiana y a la vez escribirla como un ser humano que solamente intenta entender algo. La novela, por todas estas razones, es también un viaje de aprendizaje para Sara.



Fotografia de Radmila Vankoska

CR: En relación a la pregunta anterior¿Porqué una voz narrativa femenina y no masculina? ¿Cómo crees que hubiera sido entonces la historia? Consideras que, al cambiar la voz narrativa de género, las acciones más importantes de la historia narrada ¿hubieran sucedido de forma diferente?


LB: En realidad, ni se me ocurrió contar la historia desde el punto de vista de un hombre. Cuando decidí escribir sobre Bosnia como un personaje, tenía sentido (literario, más que nada) escribir desde una voz de mujer. Bosnia ha sufrido, la han pegado, la han violado, es un país que ha sangrado, que ”dio a luz” a los héroes y los criminales y todos esos mitos masculinos. Además, para hablar sobre las consecuencias de la guerra tuve que hablar sobre las personas que no participaban en ella directamente. En un momento en la novela, Sara lo dice directamente – éramos los héroes de nuestra propia historia, porque las heroínas todavía no existían. En literatura y lenguaje oficial puede que no, pero en todas esas casas sin electricidad, sin comida, sin ayuda de ningún tipo, habían muchísimas heroínas de Bosnia. Me he cansado de leer los cuentos épicos sobre los soldados y los héroes – las guerras no tienen ningún sentido y no quiero participar en esa hipocresía de buscarlos solamente para resultar exótica entre los lectores europeos.


 


CR: Lana, “Atrapa la liebre” [Edicons del Periscopi (Cat);Navona Editorial(cast)] es tu primera novela, ¿Cuánto tiempo te llevo redactarla y decir “ya he acabado”? ¿Cómo te sentiste cuando la acabaste? ¿Qué sentimientos afloraron en ti después de tanto trabajo?


LB: La escritura me llevo mucho menos que la redacción. Tenía un plan detallado de lo que quería hacer, un esqueleto basado en los doce capítulos de Alicia en el País de las Maravillas. Además, sabía exactamente a dónde quería acabar (o re-empezar) la historia. Sin embargo, una vez acabado el primer borrador, empecé a trabajar de verdad. Eso quiere decir que cambié algunos capítulos por completo, borré muchísimas frases inútiles, y escribí algunas escenas de nuevo. Lo que me ayudó mucho fue traducir mi propia novela en otro idioma, porque en un idioma extranjero acostumbramos a ver las cosas con una distancia que puede que se nos escapen en el original. Después pedí a cinco personas que leyeran el texto. Cada una de esas personas viene de un mundo diferente, con preferencias lectoras distintas, y podrían aportar comentarios y sugerencias diferentes. Finalmente, trabajaba con el editor del libro en la versión original. Todo esto me llevo cuatro años. Pero, en realidad, el trabajo parece que no para: con cada nueva edición intenté mejorar al menos la superficie del texto. Por ejemplo, algunos cambios que me sugirió mi editora en inglés, los introduje en la nueva edición serbia que saldrá en el verano. Quería cambiar más cosas, pero mi editor me ha dicho que tengo que abandonar el texto ya por una vez.




CR : Lana eres una gran apasionada de la literatura ¿Tienes algún escritor favorito? ¿Cuál es? ¿Crees que cada escritor tiene un tipo de lector muy definido? Y en relación a esta pregunta ¿ A qué tipo de lector recomendarías leer tu primera novela?


LB: Tengo muchos escritores que me apasionan y siempre vuelvo a sus obras. James Joyce podría ser mi número uno, si hiciéramos un concurso, pero no por ser el mejor – simplemente he pasado la mayoría de tiempo con su obra, leyéndola, estudiándola, y hablando de ella. Virginia Woolf fue muy importante para mí, no solamente como lectora y escritora, sino también para mi activismo social en los Balcanes. No puedo no mencionar a Vladimir Nabokov, Danilo Kiš, Meša Selimović, Tarjei Vesaas… De los escritores vivos me apasionan Per Petterson, Gonzalo Tavares, Anne Enright, Ocean Vuong… Es imposible nombrarlos todos.


No tengo un tipo de lector muy definido, espero que lo que escribo pueda llegar a personas distintas. Pero si que es importante, a la hora de escribir, saber que estás diciendo algo a alguien. Sin ese alguien lo que estás haciendo no puede llegar a ser un texto literario. Dicho esto, no me interesa escribir libros que solamente pueden entender profesores de teoría literaria. Me importa el lenguaje, el estilo, la técnica, pero no creo que la historia tenga menos mérito literariamente. El deseo de continuar, de querer saber que pasa, no lo veo como una cuestión de lectores superficiales. En realidad, es muy difícil crear ese efecto, teniendo en cuenta todos los elementos que convierten un mal libro en una obra literaria de calidad. El deseo de continuar con la historia es algo que llevamos en nuestros cerebros desde la cueva. Es lo que le salvó la vida a la Sheherzade. Por eso espero que mis libros lleguen igualmente al lector común como a la crítica.


«No es verdad que la gente lea menos. Creo que solamente nos gusta, en cada generación, criticar lo nuevo, lo que viene, para parecer más cultos nosotros que ellos»


CR: Lana, se dice que el sector literario está en crisis porque la gente lee menos cada vez y consume más contenidos digitales, como series de plataformas digitales o redes sociales, como autora que va a ser leída en muchos otros países europeos ¿Cómo es para ti la radiografía que podemos hacer actualmente de la literatura europea en comparación con la española y también con la catalana?


No es verdad que la gente lea menos. Hace tiempo leí un artículo en The Atlantic que dice lo contrario – la generación Millenial lee más que sus padres. Hay autores que dicen que el problema es lo contrario – se publica demasiado. En E.E.U.U. sale más de un millón de libros al año. Creo que solamente nos gusta, en cada generación, criticar lo nuevo, lo que viene, para parecer más cultos nosotros que ellos. No soy de los que critican nuevas maneras de leer – me encanta que existan libros electrónicos y audio-libros porque así pueden llegar a más gente. Un texto bueno es un texto bueno y personalmente prefiero escuchar a Anne Enright leyendo sus novelas excelentes en un audio-book, que leer una edición en papel de Fifty Shades of Gray. No soy experta en la edición de libros y creo que una editora podría responder con más información relevante, pero me parece que en Catalunya hay muchas editoriales de calidad, editoriales pequeñas y con excelente elección de libros. Puede que no sea justo comparar Barcelona con Belgrado, pero os puedo decir que lo tenéis mucho mejor que os parece ☺




CR : Para finalizar ya, Lana, primera novela, y múltiples idiomas publicados, las editoriales estan apostando por tu literatura, porque “Atrapa la liebre” [Edicons del Periscopi (Cat);Navona Editorial(cast)] es realmente buena pero ¿te provoca cierta tensión y presión, este éxito inicial y buena acogida editorial, de cara a seguir escribiendo narrativa? Y en relación a esta pregunta ¿en qué proyectos próximos estás trabajando?


LB: No me provoca tensión. Me siento muy afortunada porque llevo trece años publicando relatos y ahora, por la primera vez, puedo decir que este es mi trabajo, y no solamente un hobby. Pienso que los escritores y escritoras siempre tenemos cierta vergüenza hablando de nosotros mismos como escritores profesionales. Eso tiene que cambiar. En realidad, somos trabajadores literarios y merecemos los mismo derechos y respecto que todos los otros oficios. Por eso he dejado de justificar o minimizar el trabajo que he hecho: es mi trabajo, es también el trabajo de mi agencia literaria, de los traductores maravillosos, y de las editoriales que han apostado por el libro. La única cosa que ha cambiado para mi es que ahora no tengo la incerteza sobre el futuro del manuscrito – por la primera vez tengo un contrato para escribir algo nuevo y eso quiere decir que, desde la primera página, sé que lo que estoy escribiendo será un libro. Puede sonar obvio, pero si que cambia la construcción mental a la hora de escribir, la idea de un lector es mucho más presente y eso me da un cierto sentido de responsabilidad.


De momento estoy acabando una colección de relatos sobre los traumas de la infancia y, muy poco a poco, dibujando el esqueleto de mi próxima novela. Prefiero no relevar mucho sobre estos proyectos: vengo de un país profundamente supersticioso y no he conseguido librarme de esa manera de pensar por completo ☺

 Muchas gracias por esta entrevista que nos has permitido conocerte mejor como escritora, Lana y conocerte un poco más de lo que ha rodeado el proceso creativo y literario de “Atrapa la liebre” [Edicons del Periscopi (Cat); avona Editorial(cast)].  Ojalá que los lectores que aún no han leído “Atrapa la liebre” se animen a leerte, porque, los que te seguimos de cerca hace tiempo y por fin hemos podido leerte en nuestra lengua, creemos que merece mucho la pena comprar tu libro y disfrutar la lectura de tu literatura de calidad. Esperamos volver a charlar contigo pronto en The Citizen para contarnos más novedades literarias tuyas, y te deseamos que “Atrapa la liebre” [Edicons del Periscopi (Cat);Navona Editorial(cast)] sea todo un éxito también aqui, Lana Bastašić!


Reseña en el blog unlibroaldía


Lana Bastašić: Atrapa la liebre

Idioma original: serbocroata

Título original: Uhvati zeca

Traducción: Pau Sanchis Ferrer

Año de publicación: 2018

Valoración: recomendable


Hay novelas que, a pesar de una aparente sencillez, contienen una amplitud temática y enfoque que hacen que destaquen por encima del resto o de la propia línea argumental. Porque el argumento de esta novela de Lana Bastašić puede inducir a una lectura rápida y superficial, pero sin duda se disfruta y se construye en la mente del lector de manera mucho más profunda de lo que aparenta. Porque siendo presentada bajo el reclamo de «Lewis Carroll y Elena Ferrante en un País de las Maravillas balcanizado» uno puede creer que estamos delante de una mezcla de altas pretensiones y difícil encaje. Y podría tener razón. Pero no si hablamos de Bastašić, pues la novela, en líneas generales, acopla los distintos elementos de manera orgánicamente cohesionada.


La historia empieza con un inicio intrigante, pues la protagonista, Sara, empieza a esbozar la relación de amistad que tuvo con Lejla; una relación forjada en la infancia que se antojaba infranqueable pero que, por motivos que se desconocen al inicio, se truncó hace doce años creando un absoluto vacío comunicativo. Hasta que una llamada de Lejla desde Mostar a Sara, informando que su hermano está en Viena y que tiene que acompañarla para verle, parece estrechar, no los lazos que las unían, pero sí el tiempo que las distanció. Este inicio es de los que enganchan de manera irremediable al lector, manteniendo un clímax altísimo para sostener un suspense que se sitúa en el centro de la narración y ejerce de polo magnético con el que atrapa al lector ya desde su comienzo.


Estructuralmente, la historia narrada por Sara en primera persona alterna el presente con el pasado y nos cuenta la evolución de la amistad entre Lejla y Sara; una amistad desigual, con Sara a remolque del fuerte carácter de Lejla, cegada por una idolatría hacia su amiga en quien ve alguien especial, alguien sobre quien Sara afirma que «pensé, con miedo, que siempre iría detrás de ti para intentar crecer de alguna manera, para conseguir alguna sabiduría intangible». Aquí se encuentra uno de los ejes de la novela, la relación desigual entre dos caracteres en apariencia antagónicos, que recuerda en gran parte a Ferrante y su «Amiga estupenda». Así, la narración en dos líneas temporales devuelve a Sara a su pasado, a pesar de todo, a pesar de casi no quererlo, pues como ella misma afirma «puede ser que para mí los recuerdos sean como un lago helado —turbio y resbaladizo—, pero de vez en cuando aparece una hendidura en la superficie por dónde meter la mano y aferrar un detalle, un recuerdo en el agua helada. Asimismo, los lagos son engañosos. A veces coges un pez, otras caes y te ahogas. Por experiencia sé que casi todos los recuerdos con ella son de este tipo. Por eso me esforcé durante doce años a no recordarlos». Estas dos líneas temporales convergen en un personaje común, que conecta pasado y presente, el causante del viaje que supone este relato: Armin, el hermano de Lejla, que despareció en medio de la guerra y que irrumpe de nuevo en la escena muchos años después. Él es el enlace entre ambas, el nexo de unión entre las dos, también tiempo después de su distanciamiento; es la tercera pata del triángulo que mantiene la estabilidad entre ambas, su punto común como afirma la propia Sara al decir que «él era la conexión indestructible que había entre nosotras, nuestra contraseña secreta que hacía que todo el resto (…) pareciese banal».


Con el objetivo inicial de encontrar al hermano de Lejla, Bastašić ha escrito una novela que se convierte de inmediato en un road trip de varios planos entremezclados, pues es un viaje vital al pasado de una vida y de una relación, pero también al pasado de una época y un territorio. Un viaje que empieza desde Mostar en una llegada densa y oscura, abrupta, en la que la propia protagonista se siente sorprendida cuando a las tres de la tarde ya es oscuro, empieza el viaje físico y vital. Una oscuridad que las acompañará, a nivel emocional a lo largo del viaje, en clara consonancia con la oscuridad propia de una tierra marcada por la guerra y que deja huella en sus habitantes. De esta manera, el trayecto que emprenden ambas amigas de relación tensa y cortante las acerca e intentar reconstruir, a través de diálogos y paisajes (terrenales pero también vitales), una vida, más que anterior, pasada, como si fuera otra vida, como si aquella tierra que tras años de olvido parecía casi un sueño, volviera de nuevo para penetrar en los poros de Sara e intentar hacerla comprender que los recuerdos son volátiles y cambiantes, que la visión de una niña o incluso una adolescente puede diferir si se analiza desde fuera, o desde la distancia que siembran los años. Y esta reconstrucción del pasado, que uno no sabe hasta qué punto es fiable, somete a Sara a un cuestionamiento sobre lo sucedido, sobre su versión del pasado, sobre su propia verdad.


No únicamente los recuerdos y la memoria son tratados en este libro, pues el peso de la guerra en la novela también es fuerte, incide en la identidad y carga el aire denso de un viaje en coche, porque la personalidad se forja a lo largo del tiempo, pero también se hiere, con recuerdos, con la lengua de una época que parecía olvidada y que ensucia el aire al utilizarla («miro el árbol y respiro poco a poco; no confío en el aire. Lo he ensuciado con mi lengua»). Así, con simplemente oír o pronunciar de nuevo su antigua lengua, Sara se transforma, recupera y rememora la chica que era hace años, en un acto reflejo inconsciente pero inevitable, en el que su personalidad se asocia a una lengua y a una tierra. Una guerra que para Lejla causa cambios de nombre, para pasar desapercibida, para aparentar lo que no se es, para tapar orígenes y esconder pasados. Y para Sara, cambiando de ciudad, de vida, para cambiar de identidad, para dejar atrás aquello que no se sabe asimilar, para reconstruirse partiendo de cero.


De esta manera, la llamada inesperada de Lejla ejerce de espoleta para iniciar esta historia de búsqueda, no únicamente del hermano, sino de una amistad, de una tierra, de un pasado; una búsqueda que las lleva a explorar su vida, recorriendo un tiempo y una tierra como cavando un túnel en la «madriguera» del conejo Carrolliano, sumergiendo la protagonista en un pozo oscuro que la llevará a explorar y redescubrir de nuevo su pasado. El ejercicio literario realizado por Bastašić es de una gran complejidad, pues utilizando elementos de la obra de Carroll (desde utilizar exactamente los mismos capítulos a sus múltiples referencias metafóricas e incluso textuales a «Alicia en el país de las maravillas») los utiliza para narrar su historia, una historia de dos amigas, pero también la historia de una tierra en un momento temporal realmente importante. Así hay varias capas de lectura que enriquecen el texto: guerra, identidad, amistad, recuerdos y memoria. Es, por tanto, un texto que requiere afrontarlo con la intención de explorarlo, para así poder cubrir todos estos aspectos.


Llegados a este punto es posible que penséis: con todo lo que contiene el libro en profundidad, en capas, en referencias, en estructura y planteamiento, ¿por qué no una mejor valoración? La respuesta es clara para mí, pero altamente subjetiva y radica en dos aspectos principales: la frágil sintonización con los personajes y el desarrollo de la trama. Y este último aspecto es, para mí, su principal punto débil: lo que en inicio es una virtud (la gran variedad temática que la autora pretende abordar) se puede convertir en un escollo si los temas que la autora quiere tratar pasan al primer plano y se deja algo de lado el mantener el interés por su línea argumental. Esta sensación se arrastra desde la mitad del libro y va in crescendo y a veces lo que se quiere explicar en capas más profundas no se sostienen plenamente en la capa argumental.


En cualquier caso, Bastašić ha escrito una interesante y profunda novela donde el territorio es más que un escenario, es el hogar (en su más profundo significado), el terreno donde Sara se pierde en más de una vez, como se pierde también en el camino que recorre a través de su memoria intentando encontrar las claves que den un sentido a un pasado que se hace cada vez más confuso a medida que avanza, intentando reconstruir un bildungsroman partiendo de una infancia, sobrevolando una adolescencia compartida y aterrizando en una edad adulta que comparte un poso de tristeza por la infancia desaprovechada, incompleta, perdida.


Hay que destacar el mérito de Lana Bastašić en escribir una novela que abre tantos frentes, plantea tantas capas de reflexión y establece paralelismos con otras obras, pues más allá de ciertas discrepancias, nos deja una novela que contiene mucho más de lo que una primera lectura puede sugerir y que reconozco haber estado tentado de empezarla de nuevo justo al terminarla para volver a sumergirme, como la propia Alicia, en las profundidades del mundo que contiene y conseguir así atrapar la liebre que se esconde, de manera escurridiza, en los recuerdos que albergamos.


RESEÑA EN EL PERIODICO

CRÍTICA DE LIBROS

Capturar lo inaprensible

La croata Lana Bastašic cuenta la historia de dos amigas de la infancia que se reencuentran y viajan en el tiempo en las heridas de la antigua Yugoslavia en 'Atrapa a la liebre'

zentauroepp30507382 mostar bosnia y  herzegovina 14 7 2015  minarete de mezquita200623164346

zentauroepp30507382 mostar bosnia y herzegovina 14 7 2015 minarete de mezquita200623164346 / periodico

Domingo Ródenas de Moya

23 JUN 2020 17:07

En el Museo Albertina de Viena se conserva una acuarela de Durero que representa una liebre. Fue pintada en 1502 y esconde en su ojo derecho el reflejo de una ventana, la del estudio del pintor, cuya luz de aquel día quedó ahí inmortalizada. Las dos protagonistas de la novela de la croata Lana Bastašić se dirigen hacia esa ciudad, esa liebre y ese ojo sin saberlo. Con las hechuras de una 'road story', Bastašić cuenta la aventura de dos antiguas amigas de infancia, Sara y Lejla, que se reencuentran, a petición de Lejla, para viajar desde Mostar a Viena en busca de su hermano desaparecido Armin. Es Sara quien cuenta la historia, es ella quien abandona su nueva vida en Dublín para regresar, tras doce años de ausencia, a las tierras doloridas de la antigua Yugoslavia. El viaje geográfico es también un viaje en el tiempo, a su fervor infantil y juvenil hacia Lejla, a su fascinación por su desenvoltura y avasalladora personalidad de su mejor amiga (y la alusión a la novela de Elsa Ferrante no es gratuita), a su arbitrario cambio de favores e incluso a sus desplantes y agresiones.


El hechizo que Lejla ejerce sobre Sara tira la empuja a una ruta hacia un pasado lleno de cicatrices, hacia un país cancelado en su memoria, hacia las aulas escolares y universitarias, hacia el origen de una vocación de escritora que ahora, al fin, en Irlanda y en otro idioma, se ha hecho realidad. La novela combina los capítulos en los que avanza el viaje geográfico de Bosnia hacia Austria con otros que retroceden en el tiempo, hacia las raíces remotas de la amistad y de la misma personalidad de Sara. La búsqueda de Armin a bordo de un Opel Astra por las carreteras de los Balcanes se convierte, de hecho, en una retrospección y en una indagación de su propia identidad. Pero también en una toma de conciencia de las posibilidades de la escritura: Sara descubre que a la huidiza e inaprensible Lejla (o Lela Béric, el nombre con que se protegió tras la guerra) no la podrá poseer nunca salvo por un medio, el de recrearla convirtiéndola en literatura. Es la estrategia de Durero: la fijación para siempre de lo fugitivo en el ojo de la liebre. Es la lección de Sara, o quizá estoy hablando de Lana Bastašić.


ENTREVISTA A LANA BASTASIC

Cristina entrevista a....

Lana Bastašić.Premio Literatura de la UE

21/06/2020 2905 Views

¿Qué ocurre cuando la vida nos distancia en tiempo y en kilómetros de una amiga que de repente nos grita pidiéndonos ayuda como si esta distancia no se hubiera dado nunca? A simple vista, Lana Bastašić en su libro “Atrapa la liebre” [Ediciones del Periscopi en catalán y Editorial Navona en castellano, con la traducción de Pau Sanchís en ambas ediciones] nos relata este reencuentro, aunque hay que leer hasta el final de la historia para comprender que hay algo, más allá de lo narrado a simple vista, mucho más psicológico y profundo de lo que inicialmente parece.


Atrapa la llebre_ EDICIONS DEL PERISCOPILana Bastašić, autora de pluma inteligente, usa la voz narrativa de Sara para conducirnos a través de un road trip desde los Balcanes hasta Viena, pero, sobre todo, el viaje que nos propone LanaBastašić es un viaje psicológico, el mismo viaje introspectivo que realiza Sara a través de sus recuerdos de infancia, de adolescencia y de los días de universidad junto a Lejla, su mejor amiga, que, lentamente a lo largo de la historia, se entrevé para el lector como el que podría ser el alter ego de Sara.


Cuando el lector descubre el juego astuto de Bastašić, la historia nos puede recordar a otros novelas, como Fight Club de Chuck Palahniuk (Debolsillo, 2017), por el juego psicológico de los personajes, entre el descarado Tyler Durden y su amigo más conservador, que actúa también como voz narradora, igual que Sara, la voz narradora y, al mismo tiempo, el personaje más moderado, en comparación con Lejla, el personaje más osado. Un paralelismo entre personajes que da mucho juego a la autora, puesto que el personaje de Sara se descubre más tímida y tradicional, se podría definir como “más correcta socialmente”, en comparación con la Lejla, una chica más rebelde y con una personalidad mucho más decidida y atrevida que la voz narradora. A medida que transcurre la novela, surgen algunas frases en la que el lector se puede plantear la pregunta : ¿Es realmente Lejla la amiga que tuvo realmente Sara, o es uno alter ego de la protagonista? Aunque es cierto que, como lectores, encontraremos pistas durante todo el relato, el secreto está en prestar atención o en dejarlas pasar, sencillamente, y, sin profundizar, para permitir que la historia sea simplemente un road trip que nos propone a primera vista Lana Bastašić.


Aunque, después de leer la novela de Bastašić, recomiendo profundizar al máximo Atrapa la liebre [Edicions del Periscopi en catalán y Editorial Navona en castellano, traducción de Pau Sanchís] y disfrutar al máximo de esta tremenda obra joven y fresca pero de total calidad dentro de la narrativa actual europea. Por ejemplo en la página 101 de la edición de Edicions del Periscopi podemos leer: “¿Quién era aquella que se sentaba a mi lado en aquel coche? ¿Quién era yo? O quizás éramos nosotras, las auténticas nosotras— si es que esto existía—, aquellas figuras silenciosas en la oscuridad absoluta, y todo el resto es un guiño para bobos”


Sara,una voz narrativa familiar, divertida y locuaz, que podría ser una amiga muy próxima del lector, explicándonos sus recuerdos más íntimos. Reflexionando sobre el comportamiento de su amiga, este final que nos deja boquiabiertos pero que en la quote inicial del libro ya lo deja bastante claro, si, al acabar el libro, volvemos a releerla “os podría contar mis aventuras…a partir de esta mañana— dijo Alícia con cierta timidez—. No tendría sentido retroceder hasta ayer, porque entonces yo era otra persona.” Pero es que no es solo el cambio personal de la narradora, el viaje en el tiempo, sino que también la historia nos hace sentir esta atmósfera de los paisajes boscosos de los Balcanes, los cipreses verdes, tradicionales de la geografía balcánica, y los cielos oscuros. El paso fronterizo entre países, y la repercusión causada en su población tras los conflictos bélicos: la convivencia entre religiones, los cambios de nombres para no despertar sospechas, el hecho de la necesidad de emigrar de Sara para tener un futuro mejor, o de la imposibilidad de no poder emigrar de su amiga Lejla y de no disponer de buenas oportunidades laborales, este futuro incierto que hay en un país que renace después de un conflicto bélico. Situaciones que se traducen en pequeños detalles como la simple diferencia entre un móvil con pantalla touchable o un móvil básico, sin la tecnología actual, estos pequeñas anécdotas de la historia narrada por Bastašić, y que nos hace sentir la atmósfera que se vive en los países que, todavía hoy en día, sufren las consecuencias de los conflictos bélicos de la Guerra de los Balcanes, y que sin duda, la autora conoce bien por su procedencia.


El trasfondo del viaje por carretera de Atrapa la liebre [Ediciones del Periscopio en catalán y Editorial Navona en castellano], se convierte en un recurso literario, que se puede captar como metáfora del redescubrimiento de sí misma de Sara, la protagonista de la historia. El viaje como proceso de cambio, o más bien en este caso: como reconocimiento del cambio personal realizado, como proceso del crecimiento personal conseguido, donde la literatura de muy buena calidad está presente en cada página del libro, desde las primeras páginas hasta el final del libro. Solo para mencionar algunas, que son realmente buenos momentos literarios para el lector, leemos en la página 27 de Edicions del Periscopi “Las palabras, de repetente, me parecían falsas, gastadas, como el maquillaje incrustado en la cara arrugada de una vieja”, o más adelante, en la página 223 de la misma edición:“Para mi cerebro infantil la muerte y el no nacimiento eran la misma cosa, una mera ausencia.”


La historia tiene una voz narrativa femenina como protagonista principal: Sara, y en torno a ella, Lejla como co-protagonista, pero también encontramos otros personajes representativos de cada una de las sociedades que los rodean en la historia: Michael en Dublín, como pareja actual de Sara, Armen supuestamente en Viena como amor platónico de Sara, el marido actual de Lejla, que no deja de ser curioso también como la Lana Bastašić lo retrata encasillando al personaje en un tipo masculino muy estereotipado, pero que al mismo tiempo, resulta incluso divertido, como la autora lo ridiculiza a través de los pensamientos de Sara (personaje principal).


Es todo un placer leer a Lana Bastašić, reconocer que hay voces en la literatura europea que merece la pena descubrir y, no solo esto, sino también disfrutar con este aire fresco de literatura interesante, actual y de calidad y de la cual, sin duda, como lectora desearía leer más a menudo.


Bastašić es una escritora de origen yugoslavo (de cultura serbia, nacida en Croacia y emigrada a Bosnia de pequeña). Ha estudiado filología inglesa y literatura, y tiene un máster en estudios culturales. Atrapa la liebre [Ediciones del Periscopio en catalán y Editorial Navona en castellano] es su primera novela, finalista de los premios NIN, el más prestigioso de las letras yugoslavas y ahora hace unos días el prestigioso premio europeo: European Union Prize for Literature 2020 , Premio de literatura de la Unión Europea 2020 representando a su país Bosnia. Bastašić colabora como escritora en varias revistas literarias de los Balcanes. Es co-fundadora de la Escola Bloom y co-editora de la revista Carn de Cap. Ha vivido en Barcelona, y actualmente vive en Belgrado.


Por eso, he querido reunirme con Lana, vía Skype a causa de la situación actual de Europa en plena pandemia del Covid19, porque creo que es una autora que merece la pena conocer y charlar con ella, no solo de su novela Atrapa la liebre sino también sobre el resto de su relación con la literatura.


CR : Lana, hablaremos primero de Atrapa la liebre para los lectores menos expertos, ¿Qué simboliza la liebre en tu historia? Diría que la liebre es una clara influencia de Alicia en el país de las maravillas pero, ¿por qué? ¿Quién es la liebre y que significa en el desarrollo de la historia?

LB: Para mí, Alícia en el País de las maravillas era más importante a nivel simbólico. No quería tener un personaje que fuera solo Alícia, otro que fuera el conejo, etc. Quería crear un diálogo entre los dos libros y los dos mundos: el Wonderland y Bosnia. En este mundo, la liebre es una instancia de vida que un artista (una escritora) intenta parar y convertir en arte. La idea me vino cuánto vi la Liebre de Albrecht Durer y empecé a preguntarme sobre la liebre real, si existía y que le había hecho el pintor. Había una cuestión de responsabilidad que el arte tiene con la vida. Por otro lado, el título también incluye un sentimiento de la caza, que es el sentimiento que quería tener a la novela.


CR: En Atrapa la liebre encontramos el recurso literario del viaje,¿Qué novelas te han influenciado como lectora para llegar a esta road trip como autora?

LB: Definitivamente fue Lolita de Vladimir Nabokov. No solo por la estructura del road trip, sino también por la relación entre el narrador y el personaje de Lolita. Decidí tener una dinámica similar entre mis dos personajes: una tendría el privilegio de contar historias, el otro tendrá toda su historia a merced del narrador. Por otro lado, Alícia en el país de las maravillas es también un tipo de road trip, un viaje, por el que pensé que sería bueno reunir estos elementos para contar esta historia. También hay una gran película road trip yugoslava del 1980, que también es el año en qué nació Sara (la narradora). Se llama Quién canta allá (originalmente Ko tono tamo peva) y es una comedia negra sobre un grupo de pasajeros que viajan en autobús hasta Belgrado el 1941, durante los últimos días de Yugoslavia, justo antes de su ocupación. Es una historia muy diferente de la mía, está claro, pero la idea de un viaje entre dos momentos históricos en un autobús lleno de personajes diferentes me pareció una manera fantástica de representar los Balcanes.


CR : Sara, la voz de mujer que nos habla. La chica que ha emigrado en busca de un futuro con más oportunidades, frente a Lejla, la amiga que se queda y que no puede progresar tanto como aparentemente lo ha hecho Sara. Futuro y presente, frente a pasado, aquello que es y aquello que podría haber sido de no haber “escapado” del país. Has conseguido narrar esta atmósfera con un talento literario absoluto, Lana. Alla Tatarenko en Letopis Matice Srpske escribe sobre ti “no somos conscientes de “el estimado y talentoso hijo que habita en el extranjero” y Bastašić nos demuestra que este hijo talentoso, al final, era una hija” pero, explícanos, es esta realidad que nos explicas también una crítica social de la falta de oportunidades para la “hija que se queda”?

LB: Hace poco hubo un estudio del Foro Económico Mundial que demostró que Bosnia, Serbia, Croacia y Macedonia del Norte se encuentran entre los 10 primeros países del mundo con la mayor “fuga de cerebros”, el número de personas con talento que abandonan su país de origen. Ya lo podía ver cuando acabé la universidad: casi todos mis compañeros de clase se han mudado a otro pais. Por eso hay un capítulo muy oscuro en mi novela cuando Sara vuelve a Banja Luka y solo hay gente mayor que se mueve lentamente por la oscuridad. No es una fantasía, se está convirtiendo en nuestra realidad. Pero hay quién se queda, porque no tiene el privilegio de marchar, y Lejla es una de las que pasó toda su vida en Bosnia. Creo que esta diferencia es obvia en las dos amigas: quería demostrar que crecer y pasar la vida en un contexto determinado te puede hacer más fuerte, pero también más amargo. Por otro lado, muchos que marchan van a Austria –por su proximidad– y nunca encuentran la felicidad allí. Los yugoslavos en Viena son mayoritariamente ciudadanos de segunda, que trabajan mucho y no se mezclan realmente con el resto. Tienen sus propios bares, restaurantes, clubes, grupos sociales y, a veces, parece que esto es lo único que queda de Yugoslavia: estas personas solitarias con demasiado trabajo en Viena que echan de menos a su patria y a su idioma. El gran sueño yugolsavo pues, se ha convertido en ser una camarera en Viena.


CR: Lana, tus relatos se han incluido en las principales antologías de la antigua Yugoslavia, y han premiado tu obra literaria con varios premios reconocidos de Bosnia, Montenegro, Serbia o incluso en Trieste. El libro Atrapa la liebre salió a la venta el mes de marzo del 2020, publicado en catalán por Edicions del Periscopi y en castellano por Editorial Navona. Próximamente se publicará en lengua inglesa, con Picador, en Alemania con Fischer, y en Italia con Nutrimenti, aunque el libro ya ha sido todo un éxito en tu país donde se publicó en el 2018. ¿En qué nuevo proyecto trabajas actualmente? ¿Nos puedes avanzar algo sobro este tema?

LB : Tengo un par de ideas que querría convertir en una novela, pero tengo que hacer un descanso. Creo que es importante hacer una pausa entre dos novelas a menos que se quiera correr el riesgo de repetir la misma voz y los mismos temas. Así que he decidido acabar un libro de cuentos en que trabajo desde hace tiempo. Todas las historias tienen los niños como protagonistas y quiero explorar como el trauma (desde los más pequeños recuerdos hasta la violencia real) puede transformar los niños e influirlos para siempre. Mi punto de partida fue un libro fenomenal del autor búlgaro Georgi Gospodinov, La física de la tristeza, en que exploraba el mito del Minotauro pero leía el monstruo como un pequeño niño abandonado. En el inicio de las historias de monstruos, argumenta Gospodinov, siempre hay un niño tirado en el sótano. Esto me marcó y decidí construir mis 14 historias a partir de esta premisa.


CR: De tu paso por Barcelona, no solo publicas tu libro en nuestra lengua, sino que además nos has transmitido los valores de las personas emprendedoras como ejemplo a seguir, al cofundar la Escola Bloom junto al también escritor y profesor del Grado de Estudios Literarios de la Universitat de Barcelona y Doctor en Teoría de la Literatura y Literatura Comparada Borja Bagunyà. La Bloom, como se la conoce en el sector, y que es un punto de paso obligado para los futuros escritores y apasionados de la literatura que adoran de verdad la literatura de calidad, una escuela reconocida por su alta especialización de cursos literarios. En la Bloom has impartido también formaciones literarias. A pesar de ser funciones muy diferentes, ¿Qué parte te gusta más: la de ser escritora o la de enseñar a los alumnos a ser mejores escritores y, al mismo tiempo, aprender a leer y estimar la literatura como tú lo haces?

LB: En realidad, yo di clases más de literatura, que de escritura, porque tenía más sentido que los profesores que escriben en catalán y castellano impartieran talleres creativos. Pero disfruté mucho de hacer seminarios sobre James Joyce, Virginia Woolf, o un curso de 100 años del cuento corto en inglés. Lo que me fascina de la Escola Bloom es como en un grupo pequeño, de 10 personas como máximo, puede llegar a hacer lecturas tan diversas y creativas del mismo texto. En realidad, aprendí mucho con mis alumnos, vi cosas que quizás no habría visto si no fuera por ellos. Además de todos estos grandes cursos y seminarios que hacemos, la Bloom también es un tipo de lugar mágico donde las personas creativas consiguen hacer aquello que quieren hacer, aquello que los apasiona. Cuando miras los nombres de escritores catalanes (y otros escritores y escritoras) que han pasado por la Bloom, rápidamente te das cuenta que algún día será uno de estos lugares culturales históricos de Barcelona y tengo el honor de de haberla visto nacer y de formar parte todavía de ella.


CR: Muchas gracias Lana, no solo por esta entrevista, sino también por deleitarnos con este buen carácter literario con el que escribes, y provocar, con esta buena novela Atrapa la liebre [Edicions del Periscopi en catalán y Editorial Navona en castellano, traducción tanto en Castellano como en Catalán a cargo de Pau Sanchís] que queramos continuar leyéndote en un futuro,¡ Te esperamos pronto en Barcelona, Lana Bastašić! ¡Y muchas Felicidades nuevamente por este merecido Premio de Literatura de la Unión Europeo 2020 para Bosnia!


LB: ¡Muchas gracias por la conversación!

 * Entrevista realizada por Cristina Redondo y publicada en el apartado Ultimes noticies de la sección Racó Literari del Diari de Sant Quirze el 19/06/2019


ENTREVISTA EN PÚBLICO

Entrevista a Lana Bastašić

"En la historia de Bosnia no hay una catarsis, porque faltan muchas respuestas"

La escritora croata Lana Bastašić.- RICCARDO CAVALLARI

La escritora bosnia Lana Bastašić.- RICCARDO CAVALLARI

Queralt Castillo Cerezuela

Barcelona-11/10/2020 08:40-Actualizado a16/10/2020 11:35


Comparte


Comenta


Leer después


Tamaño de letra


Color de fondo

La escritora Lana Bastašić de origen serbio publica Atrapa la liebre, un libro sobre una guerra que todavía hoy reverbera incluso en los nacidos a finales de los 80. Ganadora del Premio de Literatura de la Unión Europea, esta novela nos habla de dos amigas y del peso de un conflicto que nunca consiguen cicatrizar.


Cruzar Bosnia en coche y llegar hasta Viena. Este es el cometido de Lejla y Sara, dos amigas de la infancia que hace catorce años que no se ven. Una, Sara, vive en Dublín y se ha desentendido de su pasado; la otra, Lejla, lo arrastra como una cadena y lo muestra. Ella es la guerra que sacudió en los noventa a los Balcanes. "Casa no es Bosnia. Bosnia es otra cosa, como un ancla oxidada en un mar meado", se lee en el libro.



Atrapa la liebre (en castellano con Navona y en catalán con Periscopi, 2020) es de todo menos un libro amable. El peso de la guerra, apenas mencionada pero siempre presente, se engancha a las palabras como un lastre, como los silencios de ese road trip atípico con el que Lana Bastašić (Zagreb, 1986) ha querido mostrar cómo fue crecer en la Bosnia de los años noventa. "Siempre estamos en Bosnia (...) Bosnia se mete dentro de la piel". Es esta una historia de búsqueda de la identidad propia y de la gente a la que se quiere; una búsqueda a través de los gestos, las costumbres, lo que se dice y lo que no y a través del lenguaje.


Relacionado con este tema

Bosnia, la montaña de la desesperación para los migrantes

jm lópez



Todo empieza cuando Sara, felizmente asentada en Dublín, recibe una llamada telefónica inesperada: Lejla, su amiga de la infancia, quiere que la ayude a encontrar a su hermano Armin, desparecido durante la guerra de Bosnia. Hace catorce años que no saben nada la otra, pero Sara acepta. Cuando vuelve a Bosnia, el pasado y la guerra no cicatrizada reaparecen para abrir viejas heridas. Lejla, musulmana, es la cárcel de la cual Sara (ortodoxa), no puede escapar.



Reaparece el pasado, en todas sus versiones: la de la una y la de la otra; como ocurre actualmente con los libros de textos que aún se estudian en el país. Bastašić quería mostrar la guerra sin escribir sobre ella, explicar qué significó crecer en la Bosnia de los noventa y mostrar las cicatrices que aún a día de hoy arrastra la población que fue testigo de todo aquello. Hablar de transformación, pero también de inmovilidades; hablar de identidades, pero también de la construcción a partir de los opuestos. Esta es su primera novela y con ella ha conseguido recientemente el Premio de Literatura de la Unión Europea.


Lejla es un personaje que fluctúa entre varias identidades. No solo en lo psicológico, sino también en lo físico: cambios de look constantes, cambios en la grafía de su nombre, etc. ¿La misma identidad fluctuante que existe en los Balcanes?


Estas cosas pasaban durante la guerra. La población musulmana se tenía que cambiar los nombres. Por las grafías se sabía si eras bosnio, serbio, croata, musulmán. ¿Qué le pasa a una niña de 11 años cuando le cambian el nombre? Que el yo deja de ser algo rígido o inamovible. Lejla es un personaje camaleónico y cambiante. Ella es Bosnia. Se cambia el nombre, cambia la lengua. Su historia es la historia de lo que pasó en la región.


El viaje empieza en Mostar y termina en Viena. No es casual.


Para nada. Para mí era muy importante que todo empezase en Mostar, con una gran herencia musulmana. Viena tampoco es una casualidad: después de la ocupación otomana, llegó la ocupación austrohúngara. Quería que Lejla hiciese este viaje simbólico entre las dos ocupaciones.


Tu historia personal también tiene un viaje.


Sí, yo me fui de Bosnia cuando tenía 25 años. Me fui a vivir a Barcelona, pero Bosnia es un país que nunca te deja, se te engancha: aunque dejes de hablar la lengua, aunque no tengas amigos bosnios en tu nuevo país. Los traumas de la guerra, los conflictos no resueltos, los recuerdos... Todo vuelve, incluso cuando estás lejos. Yo quería escribir sobre esto, pero no quería escribir un ensayo sobre la guerra. Los ensayos sobre la guerra, para mí, rozan la prostitución de la memoria histórica.


¿Y cómo lo querías escribir? Es un tema complejo.


"Los ensayos sobre la guerra rozan la prostitución de la memoria histórica"


Al principio, quería escribir un cuento, pero me di cuenta de que la historia era demasiado grande para hacerla cuento. No quería escribir sobre la guerra, pero sí lo quería hacer sobre las mujeres en esa época; sobe las niñas. Quería escribir sobre cómo era crecer en Bosnia en aquel momento de la historia. Explicar quién hablaba, quién no hablaba: mostrar quién tenía el privilegio de hablar y quien tenía que callar. El pueblo musulmán no podía hablar porque no tenía este privilegio. Hay muchas versiones distintas sobre lo que pasó en Bosnia. En un mismo país, los niños tienen hasta tres libros de historia diferentes, con diferentes versiones. Crecer en un sitio así resulta complicado.


Yo quería escribir la historia de Lejla, pero me resultaba éticamente problemático, porque yo no soy musulmana. Hubiese sido una apropiación, así que decidí que la historia la narrase Sara, desde un punto de vista privilegiado. Sin embargo, no quiero que se lea como una terapia. Es un libro-experimento. Alicia en el país de las maravillas me ayudó mucho, porque me dio la estructura que buscaba en el texto y me recordó que lo que yo quería escribir era una ficción. Aunque hablo de eventos que sucedieron, no hay que olvidar que el texto es una ficción.


¿Cómo dialogan los elementos autobiográficos con el relato?


Sara, la narradora es muy diferente a mí; y siempre tuve muy claro que quería que el narrador fuese un personaje. La historia se narra a partir de su voz. Sara tiene un sentimiento de culpa que no puede resolver y, aunque los elementos autobiográficos son inevitables, es ella la que explica la historia, no yo. Nunca fue mi intención escribir un ensayo sobre mi país o mi ciudad.


Hay una escena especialmente convulsa, y es cuando Sara vuelve a la casa familiar y se esconde en el jardín para espiar a su madre. Una madre, por otra parte, que aparece casi como una caricatura.


Quería describir el problema de muchas madres en los Balcanes: comen para no hablar de los problemas. Tenemos un elefante en casa, pero nadie habla de él, y eso quise mostrarlo a partir de esta escena. Sé que es una escena grotesca y la comida tiene cierto protagonismo en algunos capítulos. Me gusta la idea de la persona que se convierte en comida, como una metáfora.


En la escena, la madre de Sara va en silla de ruedas.


Es otra metáfora de lo que pasó en los Balcanes durante la guerra. Quería mostrar la parálisis, física, pero también moral, de aquellas personas que decidieron cerrar los ojos ante lo que les pasaba a sus vecinos.


Las figuras maternas en la novela resultan ambiguas.


Tanto Lejla como Sara tienen madres no del todo presentes. En el caso de Sara, tiene a alguien muy poderoso en casa: su padre, que es policía. La figura de la madre queda diluida: es la madre que ni habla, que tiene celos de su hija. En el caso de Lejla, muestro una madre que está ausente por el dolor causado por la desaparición del hijo mayor. En esa casa hay mucha ausencia: la del padre, que ha muerto, y la del hermano.


Un hermano, Armin que, ausente, se convierte en uno de los motores del libro. Sin embargo, no se desarrolla demasiado el personaje.


Armin es un personaje central porque es lo que mueve a Sara a hacer el viaje con Lejla. Armin desaparece cuando Sara y Lejla son unas niñas, por lo tanto, solo podía trabajar con los recuerdos que ellas tienen de Armin. La última vez que Sara lo ve, tiene 12 años; es decir, ella no tiene más material para desarrollar el personaje.


Lana Bastašić.- RICCARDO CAVALLARI

Lana Bastašić.- RICCARDO CAVALLARI

Armin nunca aparece.


Mucha gente desapareció durante la guerra; y a día de hoy, aún no sabemos dónde están. Siempre pensé que hacer aparecer a Armin al final de la novela hubiera sido una catarsis barata. ¿Un final feliz para que el lector esté contento? No. Muchas personas desaparecieron durante la guerra. En la historia de Bosnia no hay una catarsis, porque faltan muchas respuestas. De hecho, el único elemento que conecta a Sara y a Lejla, después de tantos años, es la posibilidad de que Armin esté vivo. El hecho de que Armin nunca aparezca es un aprendizaje para Sara; ella cree que su motor es él, pero en realidad es su amiga Lejla. La historia empieza y acaba con Lejla.


Es como si Sara se empeñase en encontrar su final feliz.


Exacto, ella persigue una historia típica de guerra: un chico valiente y guapo, inteligente, que desaparece durante la guerra y que reaparece unos años más tarde. Lo siento, esta no es una historia de la guerra típica. Lejla es la guerra. Las mujeres son la guerra. Cuando Lejla entra en escena lo hace con una actitud clara: mírame, yo soy la guerra. Soy casi un monstruo porque me ha pasado todo esto. Era imposible que hubiese un final-catarsis.


Según el Tribunal Penal Internacional para la ex-Yugoslavia, durante la guerra de Bosnia, las fuerzas serbias violaron entre 20.000 y 44.000 mujeres musulmanas. No es el caso de Lejla, pero no se puede evitar pensar en lo que pasó.


El episodio en el que el profesor de matemáticas se intenta aprovechar de Lejla siendo ella una adolescente me sirve para explicar, de manera sutil, qué pasa con el cuerpo de las mujeres. Sin embargo, hasta esa fecha, Lejla ha tenido tantas vivencias, que incluso le quita importancia: ha perdido al padre y al hermano y su actitud es la de es la vida. Pasan estas cosas y tengo que aprender a convivir con ellas. En ese sentido, Sara es más europea; solo hace falta ver la reacción que tiene cuando Lejla se lo cuenta.


A pesar de todo, Lejla se niega a ser una víctima


Claro. Es Sara la que insiste en victimizarla.


"Bosnia no habla por sí misma; siempre la hacen hablar los demás", se dice en el libro. La lengua y el habla son temas centrales en tu libro. Hay quien ha dicho que has usado un lenguaje ‘sucio’, no correcto e inadecuado.


"Bosnia es un país que nunca te deja, se te engancha"


El libro está escrito en serbocroata; que es una lengua que ahora, técnicamente, no existe. Ahora está el serbio y está el croata, también existe el bosnio y el montenegrino; pero en realidad se trata de la misma lengua. Las políticas nacionalistas de postguerra han hecho esto. Los países quieren diferenciarse, limpiar la lengua. Usan estándares que solo hace cinco años que existen, pero yo no los considero mi lengua. No es la lengua que yo hablo en casa. Quería escribir en una lengua que estuviese viva. El libro va sobre la identidad, por lo tanto, que el estilo y la lengua contribuyesen a ello. ¿Qué revela la lengua sobre un país? Quería presentar Bosnia como algo que no se identifica fácilmente, y la lengua ha sido una de las herramientas para llevar a cabo esta tarea.


Con 'Atrapa la liebre' has recibido el Premio de Literatura de la Unión Europea y el libro ha tenido muy buena acogida, tanto en España como en otros países.


No me esperaba nada de lo que ha pasado, la verdad. La literatura contemporánea balcánica no suele traducirse demasiado, pero estoy agradecida y feliz. Tenía miedo de que los lectores no pudiesen conectar con la historia, ya que está muy vinculada a Bosnia. Es una historia muy local en la que hablo de mi ciudad y mi país. Tenía miedo de que las cosas importantes se perdiesen, y no solo por el proceso de traducción, sino porque lo leyese gente que no está familiarizada con el contexto. Es bonito porque al final, los lectores han encontrado la universalidad de la historia.


No hay comentarios:

Publicar un comentario