Incluimos la reseña que hizo en 2008 en la revista Letras Libres, Juan Antonio Masoliver y otra de Oswaldo Paz y Miño para la revista Espacio Latino, así como una entrevista de Silvana Boschi para la Revista "Ñ".
Mal de piedras, de Milena Agus
Por Juan Antonio Masoliver Ródenas
Confieso mi recelo inicial ante el estrépito montado en torno a una obra tan delicada, inquietante y silenciosa como Mal de piedras, y no he podido evitar compararlo con la relativa indiferencia con que ha sido acogida la primera novela de la española Cristina Grande Naturaleza infiel, con la que comparte planteamientos en torno a un grupo familiar, sensibilidad, percepción psicológica y finura estilística. Ambas novelas nos seducen desde la primera página. Uno de los aciertos de Agus ha sido elegir a una narradora joven que narra hechos que no necesariamente ha vivido y que por lo tanto puede contar con cierto distanciamiento sin dejar de identificarse. De ahí la sutileza en la estructura, en las relaciones psicológicas y en la voces sin estridencias, a pesar de que la novela gira en torno a algo tan escurridizo y “pasado de moda” como la felicidad, el amor y la locura.
Voces porque la voz narradora es una muchacha a punto de casarse que ha decidido recuperar la casa familiar de la calle Manno en Cagliari, “este lugar mágico donde se oye el ruido del puerto y de los chillidos de las gaviotas”, deshabitada desde hace diez años; y porque a través de su escritura no sólo se reconstruyen unos hechos, sino que escuchamos las voces de los personajes.
El presente de la novela coincide con lo que ella llama “la situación en Irak”, “con estos americanos que no se sabe si liberan u ocupan”, para remontarnos a otra guerra, la Segunda Guerra Mundial, con los primeros días de la evacuación, los bombardeos americanos de 1943, el desembarco de los Aliados en Normandía y la firma del armisticio. No interesan las interpretaciones ideológicas sino el sufrimiento, que no es exclusivamente el que nos causan las relaciones afectivas. Por eso la abuela está tan emocionada cuando por las noches su amante “se estremecía de miedo, como si estuviera oyendo un disparo o las bombas que caían sobre el buque y lo partían en dos, lo rozaba apenas con un dedo y el Veterano, sin despertarse, la respondía atrayéndola hacia él.”
La novela se inicia con la boda de la abuela en 1943, y se cierra, como un círculo, con la inminente boda de la nieta. La bella mujer se casa a los treinta años, cuando todo el mundo creía que iba a quedarse soltera, pese a que toda su vida había girado en torno al amor. O precisamente porque “la enfermedad de la abuela podía definirse como una especie de locura amorosa”. Escribía ardientes poemas y bastaba con que un hombre la sonriera para que lo considerara un pretendiente. En su desesperación llega a hacerse cortes en el cuerpo o a arrojarse a un pozo. Hasta que finalmente aparece en la casa un hombre de cuarenta años: “Llegó para comer y dormir gratis. En el mes de junio pidió la mano de la abuela y se casaron”. Un matrimonio sin amor, como ambos confiesan, que “duermen como hermanos en el cuarto de invitados” mientras él sigue visitando la Casa de Citas. Una vez en Cagliari, ella acepta satisfacerlo sexualmente para, con el dinero ahorrado, poder instalarse en la casa de la calle Manno.
Debido a su mal de piedras tiene que internarse en un balneario, donde conocerá al Veterano, un hombre cojo y hermosísimo que vive en Milán aunque siempre había vivido en Génova. Con él finalmente encuentra “la cosa principal”, es decir, el amor, hasta que se cura de sus cólicos renales, queda embarazada y regresa a la casa.
La enfermedad de la abuela no es solamente el amor, sino la imaginación, y es esta imaginación la que le permite encontrar al Veterano y escribir sus experiencias en un cuaderno. Su hijo heredará su sensibilidad. Excelente concertista ajeno al mundo y desinteresado por las mujeres, finalmente encuentra a la que será su mujer, que vive con la abuela Lia. También ésta vive una doble vida, una real y oculta. La real es la de una muchacha de buena familia; la oculta, la atracción por un criado pastor del que quedará embarazada. Ya a punto de casarse, su hija descubre que Lia escribía poemas amorosos y que el pastor acaba arrojándose a un pozo al enterarse de la muerte de la que fue su fugaz amante y amada. La vida inventada de Lia es la de su viudedad y las falsas razones por las que huye de Gavoi.
Agus ha tejido una fina red geográfica, histórica, familiar y sentimental. Casi todos los personajes tienen sensibilidad artística, sufren la enfermedad de la locura y viven de amores inventados o fallidos. Un destino les une y lo viven con luminosa aceptación. Y si se sienten atraídos por el suicidio es porque forma parte de sus intensas vidas interiores. La prosa refleja perfectamente estos estados de ánimo. La traductora ha sabido mantener, con distintos registros, esta prosa contenida, expresión de sentimientos que evitan tanto el dramatismo como la sensiblería. El homenaje a los poetas Giorgio Caproni, genovés de adopción, y a Dino Campana, el poeta de la locura, son como un eco del espíritu del libro. ~
Mal de piedras. Esplendorosa novela, bella literatura.
Firmada por Milena Agus.Dr. Oswaldo Paz y Miño
Arrebato, hechizo, embelesamiento, elegancia perfecta, una obra maestra portátil para recordar siempre. Arte que cabe en todas las proporciones. Una novela que enternece y fortalece; que hiere, que incita, que excita. Trazos de pensamiento insolente. Una historia seductora, pulida, que dice lo necesario y, con más precisión, que raya en la levedad profunda, en “la más perniciosa de las locuras que es la que se parece a la sabiduría.”Milena Agus, brillante escritora revelación. Nacida en Génova, que vive en Cerdeña, ha tallado con finísimo buril, el Mal de Piedras, collage literario en el que se dan cruces de soledades y abrazos rotos, como se titula la novísima película del genial director manchego, Pedro Almodóvar. Editorial Siruela en colección Nuevos Tiempos, ha prensado la primera edición de febrero 2008 y la segunda de abril 2008, traducidas del italiano al español por Celia Felipetto.
La razón de la causalidad desnuda. El tiempo que rompe los ritmos, los estereotipos y las etiquetas que se nos coloca a los humanos para transitar en la vida. La Abuela que viaja haciendo camino y que deja huellas. Ella trasciende en los cuerpos y en las almas que se le aparecieron tarde. Una bitácora que empieza por el final, que envía al despeñadero a ese mal fario, a esa mierda propagada y aceptada, de que los seres humanos tenemos estaciones en la vida para todo: para cualquier amor, para el sexo, para el trabajo, para la enfermedad y para la muerte. Al final resulta mentira el que todos llegamos con el itinerario escrito. Rupturas poéticas, sabias, sensuales, eróticas, que desmitifican los esquemas y los absurdos que pretenden maquinizar los sentimientos, temporizar las pasiones, e impedir el amor a aquellos que tienen entre sí “grandes diferencias de edad”. No es lo mismo casarse que amar. El matrimonio, cuando es falso y conveniente, ata y miente. Mientras que los amantes de los casados, que tarde o temprano llegan, desatan, revierten, desordenan, reviven y operan milagros en los cuerpos y en las pieles.Gestos, palabras, aromas, tocamientos ligeros, placeres y dichas, a cuenta gotas, mientras, El mal de piedras, se hace sentir con dolor frecuente, con la rutina de la vida, de lo dulce poco, de lo amargo mucho. Nadie se proclame invulnerable ni rechace compañías porque estas no abundan. La Abuela, en la novela, encontró a tiempo al Veterano, que llenaría su vida desde la ausencia. La memoria, los sueños, las fantasías, las ilusiones, las decadencias, las miserias y los orgasmos. Una pieza de narrativa que es una verdadera joya.
La razón de la causalidad desnuda. El tiempo que rompe los ritmos, los estereotipos y las etiquetas que se nos coloca a los humanos para transitar en la vida. La Abuela que viaja haciendo camino y que deja huellas. Ella trasciende en los cuerpos y en las almas que se le aparecieron tarde. Una bitácora que empieza por el final, que envía al despeñadero a ese mal fario, a esa mierda propagada y aceptada, de que los seres humanos tenemos estaciones en la vida para todo: para cualquier amor, para el sexo, para el trabajo, para la enfermedad y para la muerte. Al final resulta mentira el que todos llegamos con el itinerario escrito. Rupturas poéticas, sabias, sensuales, eróticas, que desmitifican los esquemas y los absurdos que pretenden maquinizar los sentimientos, temporizar las pasiones, e impedir el amor a aquellos que tienen entre sí “grandes diferencias de edad”. No es lo mismo casarse que amar. El matrimonio, cuando es falso y conveniente, ata y miente. Mientras que los amantes de los casados, que tarde o temprano llegan, desatan, revierten, desordenan, reviven y operan milagros en los cuerpos y en las pieles.Gestos, palabras, aromas, tocamientos ligeros, placeres y dichas, a cuenta gotas, mientras, El mal de piedras, se hace sentir con dolor frecuente, con la rutina de la vida, de lo dulce poco, de lo amargo mucho. Nadie se proclame invulnerable ni rechace compañías porque estas no abundan. La Abuela, en la novela, encontró a tiempo al Veterano, que llenaría su vida desde la ausencia. La memoria, los sueños, las fantasías, las ilusiones, las decadencias, las miserias y los orgasmos. Una pieza de narrativa que es una verdadera joya.
“Los libros nos salvan”
Es una de las autoras italianas de mayor éxito en los últimos años. Acaba de publicar en español “La imperfección del amor”, una novela sobre el mundo femenino y dice que nunca privilegió “la escritura en detrimento de los afectos”. por Silvana Boschi
Un clima y un deseo. Esa parece ser la receta de la escritora italiana Milena Agus quien en 2006, con su libro Mal de piedras , se convirtió en un éxito de ventas en su país y en Europa, con más de 750.000 ejemplares vendidos. Además de esta novela corta, publicada en nuestro país como La mujer en la luna por editorial Edhasa, salieron El mejor mundo posible y La imperfección del amor . Pero a esta profesora de Lengua que vive en Cagliari, Cerdeña, el éxito parece haberle llegado sin proponérselo. Cuenta que envió Mal de piedra s a una editora italiana, luego de leer que ésta planeaba publicar novelas breves, de lectura rápida y de argumento amoroso. Entonces Agus le hizo llegar el borrador de su obra sin grandes expectativas. Al tiempo, la editora la llamó y en pocos meses se convirtió en un éxito editorial y de la crítica no sólo en Italia sino también en Francia y Alemania. Sus obras ya fueron traducidas a veinticinco idiomas.
Esta novela, que ganó el premio Elsa Morante, fue su primera obra publicada en español. Se trata de una historia de amores tardíos e impensados, que narra los intentos de una joven por descubrir las historias ocultas de su abuela, una temperamental leyenda familiar, que aporta a la historia varios pasajes eróticos.
A esa mujer, bella pero sin suerte, las cosas parecen llegarle cuando ya no espera nada de la vida. En la Italia de fines de la Segunda Guerra, se casa con un hombre que sólo busca saldar una deuda con la familia que lo hospeda y luego se enamora inesperadamente en un balneario, adonde acude para tratar unos molestos cálculos renales (de allí el título original de Mal de piedras ). El libro fue un verdadero suceso en el mercado editorial europeo, al punto que el diario Libération señaló que era “una pequeña joya de novela, pulida como una piedra preciosa, por no decir embriagadora, como ciertos dulces sardos, que son todo miel y anís”.
Con el tópico del cruce entre la imaginación y la realidad, bien envuelto en aires mediterráneos, Agus demostró en esta obra conocer el mundo de los afectos.
Luego apareció El mejor mundo posible que sigue la historia de Madame, uno de los personajes, que posee uno de los terrenos sardos sobre el mar más codiciado por los emprendedores inmobiliarios. No tiene grandes riquezas, pero a pesar de todo esta mujer se niega a vender, como un pequeño acto de resistencia frente a un mundo con el que no termina de congeniar. Contada por una joven vecina, la novela, con tintes cómicos y mágicos, narra también una historia de amor en la madurez.
Su conocimiento del mundo afectivo, sobre todo del femenino, volvió a quedar demostrado en La imperfección del amor , la más reciente de sus novelas. Aquí, Agus narra la vida de tres hermanas que habitan un castillo heredado, en Cerdeña. Una antigua familia acomodada, luego caída en desgracia, pone el marco de la historia a cada una de estas hermanas: la que añora un amor perdido, la que anhela la grandeza familiar también perdida, y una tercera apasionada y ardiente, que sueña con un amor de película.
¿El estilo simple de su relato, está muy trabajado o es un registro que surge con facilidad? Todo resultó más fácil una vez que encontré mi voz. Se trata de la voz que representa mejor el tumulto interior y mi visión del mundo, que está algo lejos de la visión adulta.
¿Cuál de sus novelas es su hija predilecta y cuál la que contiene más cosas personales? El mejor mundo posible . Seguramente no es el libro mejor escrito ni el mejor construido, pero me hizo mucha compañía mientras me dedicaba a escribirlo. Era un período lleno de angustia y los únicos momentos de distracción fueron los que pasé 39 grados al norte del Ecuador con ese grupo de extraños, los personajes.
En “Mal de piedras” hay una valoración del poder de la imaginación y de la escritura como recurso vital. En la frase con que termina el libro, en ese “escribe” como un mandato, ¿hay algo de su propia historia? En Mal de piedras me preguntaba si soñar mucho, si estar siempre con la cabeza en un mundo paralelo, era una suerte o una desgracia. El final del libro da la respuesta, pero no es la única.
¿Cuáles son sus modelos literarios, los escritores que no sólo le gustan sino que le han enseñado a escribir? Entre los italianos, Natalia Ginzburg e Italo Calvino, sobre todo por la liviandad de su escritura. Uno de mis deseos es que la lectura de mis libros logre eliminar un poco el peso de la existencia del lector.
¿Cree, como Umberto Eco, que los libros van a sobrevivir, como la rueda y la cuchara? Sí. Estoy de acuerdo. Los libros nos salvan, nos llevan a otros mundos, nos hacen conocer mejor a los demás. Con los libros logramos una experiencia útil, como aprender mediante el juego.
¿Cómo pudo combinar su tarea de docente y madre, y armar además un espacio para la creación de manera profesional? Nunca privilegié la escritura en detrimento de los afectos. Es por eso que siempre digo que no soy una verdadera escritora sino alguien que escribe. La escritura no me hace olvidar las demás cosas. Sin embargo, si paso un tiempo sin escribir me embarga la nostalgia. A veces escribo a escondidas para que mis seres queridos no piensen que prefiero escribir a estar con ellos.
¿Convertirse en una escritora de éxito le cambió la vida? ¿Pensó en dedicarse exclusivamente a escribir? Siento la escritura como placer, por lo que nunca pensaría en escribir y nada más, ya que se convertiría en un trabajo, en una obligación. Prefiero tener mi trabajo como docente, sin duda. Los gustos de los lectores cambian y me daría miedo que un libro fracasara y no me permitiera pagar las cuentas. El éxito no cambió nada en mi vida. Por otra parte, la verdad es que el éxito no proporciona toda la alegría que suele creerse. La verdadera alegría es escribir.


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