viernes, 1 de febrero de 2019

El miércoles 6 de febrero tenemos cita con Berta Vias Mahou para hablar de "Una vida prestada"












El próximo miércoles 6 de febrero nos veremos a las 19.30h CON BERTA VIAS MAHOU PARA HABLAR DE "UNA VIDA PRESTADA"... SEGÚN LA REVISTA qUÉ LEER, UNO DE LOS MEJORES LIBROS DE 2018. 

NOELIA DÍAZ A CORUÑA 16/03/18 EN eL IDEAL GALLEGO
Berta Vias Mahou | “La gente quiere estar al día en literatura, les da pereza leer El Quijote”
¿Quién fue de verdad Vivian Maier, la gran fotógrafa, y por qué nunca mostró sus fotos? Esta y otras cuestiones salen a debate en “Una vida prestada” (Lumen, 2018), que Berta Vias Mahou (Madrid, 1961) presentó ayer en la Fundación Luis Seoane.

¿Por qué indagar en la biografía de Vivian Maier?
Silvia Querini, de Lumen, me lo planteó, y Antonio Muñoz Molina dijo de ella que su vida era “una novela con todas las hojas en blanco”. Me interesaba Vivian Maier por esa reticencia que siempre tuvo a exponer y vender sus fotos, por ser una persona que no buscó el éxito a pesar de tener muchísimo talento.
¿Cómo la definiría?
Era una persona al margen de todo, llena de contrastes, orgullosa, valiente y muy reservada. Fue muy autodidacta y aprendió casi todo por su cuenta. Tenía opiniones muy radicales, eso puede leerse en el capítulo en que visita la exposición “La familia del hombre” en el MOMA de Nueva York con una de las niñas a las que cuidaba [personajes ficticios], con la que mantiene una conversación sobre arte.

¿Y lo de vida “prestada”?
Esta no es una novela histórica, los datos biográficos que aporta son mínimos. Es un intento de meterse en su pellejo y entender a través de los niños que cuidó por qué nunca mostró su obra. Su vida es prestada porque podría ser la de otras muchas mujeres.

¿Cuánto duró la investigación?
Trabajo despacio y fueron casi cuatro años en que, además de los libros, películas y biografía de Maier releí otras obras, como “El castillo”, de Kakfa.

¿Sirve Maier como inspiración a otras personas?
Creo que, por el enfoque que le he dado, sí que invita a la reflexión. Como en otras de mis obras, presento una sociedad teñida de maniqueísmo en la que rápidamente se administran etiquetas: el bueno, la guapa... Creo que he reflejado, a través de su profesión de niñera, los problemas de algunos niños y se puede aprender algo a la hora de tratar con ellos.

¿Hay autores a los que vuelve cada cierto tiempo?
Por supuesto, me fascinan Kafka y Dostoievski y vuelvo a ellos muy habitualmente, aunque también me marcaron Robert Musil, Diderot...

¿Las nuevas generaciones mantienen el afán lector de antaño?
Sospecho que sí, pero no tanto con los clásicos. No es que en mi época se leyera muchísimo a los clásicos pero ahora la industria editorial es tan inmensa que la gente quiere estar al día. Hay un exceso de autobombo y a la gente le da pereza leer “El Quijote”, aunque sea una experiencia enriquecedora leerlo y releerlo a lo largo de la vida.

 En ABC, por José María Pozuelo Yvancos, 15 de febrero de 2018.

«Una vida prestada»: Vivian Maier, la niñera fotógrafa
La historia real de Vivian Maier da para una novela, como así ha hecho Berta Vias Mahou con sensibilidad y maestría. Una mujer anónima que llegó a la cima de la Historia del Arte.
La historia de Vivian Maier parece de película. Una anónima fotógrafa, que vivió en Nueva York y Chicago siendo cuidadora de niños ricos. Nunca expuso y murió sin llegar a revelar la mayor parte de sus cien mil fotografías. Durante sus días de asueto se dedicaba a sacar instantáneas de gentes de la calle con una máquina Rolleiflex; a veces se fotografiaba a sí misma o el interior de su habitación. Era una artista que había elegido serlo sin más pretensión que la de su arte. Pero todavía resultan más de película las circunstancias azarosas por las que ahora se la conoce: John Malloof, un historiador de la ciudad de Chicago, adquirió en una casa de subastas un lote que había sido depositado allí por una empresa de trasteros porque nadie pagaba ya el alquiler.

Cuando este historiador puso a la venta las fotografías en internet, el crítico Allan Sekula advirtió sobre su extraordinario valor artístico. Y comenzó la historia de una mujer fotógrafa que había vivido escondida y entró en la Historia del Arte. Es difícil saber si su vida anónima para con una vocación tan definida y tenaz fue una opción suya o el resultado de ser niñera, desconocida, pobre. La pregunta, parafraseando a la crítica Gayatri Spivak, podría formularse así: ¿era Vivian Maier una subalterna, es decir, alguien sin capacidad de discurso?

Podría decirse que es una novela de artista, que tiene como gran tema qué puede hacer el Arte para captar la Vida.
Este magnífico libro de Berta Vias Mahou piensa lo contrario, es todo él una gran pregunta dirigida hacia ella, hacia Vivian, como si su proceso de escritura fuese una indagación de artista hacia otra artista, suponiendo sus razones, conjeturando decisiones, aventurando hipótesis. Lo primero que conviene decir, porque resulta literariamente decisivo, es que Berta Vias ha elegido la segunda persona narrativa, para que se vea desde el comienzo que no hay respuesta posible, porque Vivian Maier no habló, apenas dejó escritas algunas reflexiones. La más importante, y con la que Berta Vias Mahou cierra su novela es la siguiente: tenemos que dejar sitio a quien venga detrás, como si el artista, sabiéndose de paso, supiera que otros después culminarán la obra, cuando ella no esté.

En EL CULTURAL

Una vida prestada
Berta Vías
SANTOS SANZ VILLANUEVA | 02/03/2018 |

La sociedad de la información ha cambiado muchísimas cosas en el mundo. También ha afectado a la literatura. Desde luego, han perdido buena parte de su sentido las novelas que recreaban la existencia de un personaje interesante sobre el cual aportaban valor noticioso y no escondían un propósito divulgativo. Hoy, una simple consulta en internet proporciona bastante materia informativa. Las novelas interesadas en retratar a alguien notable pueden, por tanto, prescindir de la ganga anecdótica y centrarse en el personaje. Lo cual no significa una comodidad para el autor, sino que le añade una exigencia. A cambio de ahorrarse el trabajo de recopilar sucesos, tiene que ahondar en la personalidad del biografiado. 

A este fin resulta imprescindible adoptar un punto de vista desde el que mostrar al personaje. Cuando se trata de alguien tan misterioso e insólito como la fotógrafa Vivian Maier, nada más conveniente que una mirada intimista. Esta es una perspectiva que anida en el ADN literario de Berta Vias Mahou (Madrid, 1961) y que, aunque no sea la única viable, se revela como un enfoque de todo punto pertinente y eficaz para penetrar en la artista norteamericana. De la confluencia entre una persona de alma secreta y una escritora capaz de intuir zozobras espirituales sale la excelente estampa biográfica titulada Una vida prestada.

Berta Vias presenta los datos biográficos externos fundamentales de Vivian Maier sin detenerse en detalles. Con atinados saltos temporales reconstruye su trayectoria. Todos los hitos básicos de su vida aparecen en la novela: los orígenes europeos, el trabajo como niñera en Nueva York y Chicago, las relaciones con los chicos y sus familias, los hábitos no poco peculiares, la obsesión maniática de disparar la cámara, la adquisición por el historiador John Maloof de sus cuantiosos archivos en una subasta y el solitario fallecimiento en una residencia de ancianos. Se echan en falta, aunque quizás lo explique la carencia de datos fiables, los viajes en solitario que Maier hizo por varios países orientales. 

Las referencias al mundo exterior en Una vida prestada son parcas, aunque no insignificantes. Una fiesta-concurso contiene una acerada denuncia social de la clase alta americana. También se delata la venalidad del arte, el compadreo entre artistas, críticos y comerciantes. Por contra, un tono positivo tiene la conmovedora relación entre un lechero y Maier, resuelta en un emotivo episodio enmarcado en un encantador cuento infantil. Aunque estos pasajes testimoniales amenicen el relato, no lo desvían de su empeño por mostrar al desnudo la intimidad de la hoy famosa fotógrafa. 

Berta Vias consigue una semblanza cabal de una mujer rara, una personalidad fuerte que pone por encima de todo su independencia, alguien autónoma, solitaria, con las ideas claras y entregada sin concesiones a su pasión, la fotografía. Ignoro cómo fue la artista, pero da igual porque Vias marca la biografía con el marchamo de la autenticidad. Los detalles íntimos funcionan en ese sentido y, así, vemos la verdad de ese despojamiento de lo material, de contentarse tan solo con disponer de una habitación propia. A la vez, Vias consigue la plena imagen de una creadora que lleva al extremo el arte como un estado de libertad: la “ladrona de imágenes” solo busca “explicar el hombre al hombre” con la cámara y dejar memoria “de las víctimas de la vida”. 

Un estilo conciso y antirretórico sirve de soporte al recurso técnico capital del libro, la narración en primera persona desdoblada en un tú de autoanálisis. El tino formal, una materia humana palpitante y la afilada imaginación moral de Berta Vias hacen de Una vida prestada una magnífica novela, un admirable retrato de interiores. 

EN EL PAIS

La voz de Vivian Maier

Berta Vías Mahou recupera la figura de la extraordinaria fotógrafa que decidió vivir en el anonimato trabajando de niñera gran parte de su vida

ANA RODRÍGUEZ FISCHER
12 MAR 2018 
Nada sabíamos de Vivian Maier (Nueva York, 1926-Chicago, 2009) hasta muy recientemente, cuando a título póstumo vieron la luz los miles de negativos que esta mujer, una extraordinaria fotógrafa que decidió vivir en el anonimato trabajando de niñera gran parte de su vida, desechando la vanidad del artista y cultivando en secreto su pasión, había guardado celosamente en numerosas cajas hasta desprenderse de ellas en una subasta que, en parte, ella misma y un estrecho círculo de amigos controlaron. En estas mismas páginas, nos habló de ella Antonio Muñoz Molina en 2014, y en 2015 John Maloof —el comprador del archivo— y Charlie Siskel estrenaron el documental Buscando a Vivian Maier.


Ahora debemos celebrar que Berta Vias Mahou ha prestado su voz a aquella mujer desconocida —la Esfinge, la llamaron algunos— para contarnos su vida: la infancia rota, el descubrimiento de una vocación, su relación con los niños a los que cuidaba —juegos, aventura y fantasía—, la captación de la vida en torno durante los primeros años cincuenta en Nueva York y después, a lo largo de más de dos décadas, en Chicago, paseando sola y eternizando con su cámara “jóvenes con palomas en los brazos, las alas abiertas, comiendo de su mano”; “hombres tirados en el suelo, sobre unos escalones sucios. Bebidos. O muertos”; “un hombre negro con traje gris, sombrero y corbata” que en un banco de piedra jugaba con un bebé que intentaba alcanzar el globo que el señor sujetaba; tres jóvenes negros sentados sobre una cama en un solar vacío y “rodeados de quincalla que ordenaban para venderla el domingo en el mercado”; “miradas de tristeza, de locura, de rabia, de complicidad” que Maier siempre encuentra a su alrededor. También la mirada propia, en elocuentes autorretratos: ojos como pintados al carbón, con el rabillo muy largo, vueltos hacia arriba; enfundada en un “traje sastre gris a rayas, muy suaves, con su fila de botones y unas pequeñas solapas” que le abrazaban el cuello; o su rostro aniñado reflejado en un espejo de mano redondo.

MÁS INFORMACIÓN
La voz de Vivian Maier Recomienda en Librotea 'Una vida prestada'
Breves reflexiones sobre el arte de la fotografía o la detallada crónica de la exposición La familia del hombre, celebrada en el MOMA en 1955, le permiten a la autora cifrar las claves de la estética de su protagonista. Con audacia y acierto, Vias Mahou elige la segunda persona, y eso nos aproxima aún más a Vivian Maier, dejando la impresión de que su voz — muy bien modulada— nos llega directamente. Como si estuviéramos oyéndola hablar.

Una entrevista en RNE


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